jueves, 5 de abril de 2007

Mas allá de la derecha y la izquierda, Anthony Giddens


Más allá de la derecha y la izquierda

En febrero de este año estuve con Tony Blair en Washington para hablar de política con el presidente Clinton, con la señora Clinton y con Al Gore. Esta conversación ha dado lugar a intensos debates y ha continuado con un diálogo político similar al habido en Inglaterra dos o tres meses antes. También ha sido continuada recientemente tras la reunión del G-8 en Birmingham, donde me dieron la oportunidad de hablar de política al anochecer con algunos dirigentes de la Administración Clinton.

Tony Blair a su vuelta a Europa concedió una entrevista a The Guardian en la que sugería la idea de fundar lo que llama ´la internacional del centro izquierdaª, un diálogo internacional del centro izquierda emergente.


Este anuncio fue recibido con un grado elevado de hostilidad por la prensa, especialmente la de izquierdas de diversos países europeos, como en Italia y Francia, donde se presentó a Tony Blair como un neoliberal disfrazado, como alguien que estaba intentando introducir una filosofía de mercado en un contexto europeo al que dicha filosofía era ajena.

La tercera vía es una expresión que describe lo que asumo que es la nueva política asociada no solamente a Tony Blair sino también a una gama más amplia de debate conectada a su praxis política. Una cuestión clave que nos hemos de formular, por tanto, a la hora de pensar sobre la tercera vía, como una nueva filosofía política posible, es que se trata sencillamente de una extensión de una manera de pensar que ha prevalecido en Gran Bretaña durante dieciocho años. ¿Se trata, pues, de una manera americanzada de pensar y que tiene muy poco que ofrecer a nosotros, los europeos?

No sé si las diferencias culturales intervendrán en este momento, pero me gustaría contaros el único chiste de Tony Blair que conozco (espero que alguien se ría): ´Lionel Jospin y Tony Blair van en coche y Jospin conduce. Llegan a un cruce y Jospin no sabe por donde tirar. Se gira a Tony Blair y le dice: ¿hacia dónde hemos de ir Tony? Y Tony le contesta: pon el intermitente a la izquierda pero gira a la derechaª.

La cuestión es la siguiente: ¿esta nueva filosofía es sencillamente una mezcla extraña de izquierda y derecha y, por tanto, una extensión de lo que hemos conocido en Gran Bretaña durante los quince o veinte últimos años? He de decir que no, absolutamente no. La política de la tercera vía marca una cosa absolutamente fundamental en el diálogo político, y es que estamos en un período de transición cabal en el pensamiento político, y este debate posiblemente es muy importante políticamente ahora que estamos al final de este siglo y al comienzo del tercer milenio.

Tal como yo la definiría, la tercera vía es una respuesta a dos filosofía fracasadas, que han dominado durante los últimos veinticinco años. Una es el neoliberalismo, el thatcherismo si se quiere, la suerte de pensamiento político que ha sido tan importante para mi país durante tanto tiempo. El fundamentalismo de mercado es una filosofía muerta, contradictoria. Lo que sucedió en Gran Bretaña es que una filosofía del mercado libre destruyó el conservadurismo. Los dos aspectos que el neoliberalismo combina son sencillamente contradictorios. Intentan unir una teoría libertaria de los mercados con una teoría autoritaria del Estado y del nacionalismo, y esta combinación es explosiva. Esta combinación es la que destruyó el partido conservador y permitió que Tony Blair ganara con una mayoría tan amplia.

La otra filosofía fracasada creo que es la democracia social por sí misma, la socialdemocracia. Esta filosofía estableció el surgimiento del Estado del bienestar basado en una forma de gestión económica que lo percibe como el vehículo principal de igualdad y que está ligada a las políticas de clase tradicionales. La socialdemocracia así definida o, digamos, la antigua izquierda, es hoy una filosofía fracasada, tanto como la nueva derecha. Necesitamos una teoría política que no sea ni de derechas ni de izquierdas. Esta filosofía política ha de reaccionar no sólo a la disolución de estas dos filosofías dominantes, sino también a los cambios que las han destruido.

Vivimos en una sociedad de cambio masivo de sus aspectos económicos y sociales, y sólo capturando la naturaleza de estos cambios podremos esperar transforma la política y producir un programa político nuevo y eficaz. Ahora bien, hay tres grandes cambios que están transformando nuestro mundo y que hemos de entender para poder apreciar en qué consisten las políticas de la tercera vía. Permitidme que hable brevemente de cada uno de ellos:

1) El primero es el impacto de este fenómeno, tan familiar ahora para todos nosotros, que es la globalización o la mundialización. El término globalización no era utilizado hace diez años. De pronto la globalización está en todas partes. De palabra que nadie conocía se ha convertido en palabra demasiado utilizada, tanto que la gente comienza a dudar de su significado.

En el mundo anglosajón, por lo menos, hay un debate muy intenso sobre lo que significa la globalización: por un lado tenemos la gente que en el Reino Unido llamamos globalescépticos que dicen que el mundo de finales del siglo XIX no era apenas diferente del nuestro. A fines del siglo XIX había liberalización comercial, teníamos grandes invenciones tecnológicas (teléfono, comunicación electrónica) y teníamos un resurgimiento de los mercados monetarios. ¿Qué hay de nuevo? Se preguntan los globalescépticos. Esta percepción es muy popular entre las personas que quieren defender la antigua izquierda o que quieren defender la socialdemocracia tradicional, porque si adoptan esta perspectiva podrían muy bien decir que el Estado nación está intacto, que la idea de economía global es un mito y que consiguientemente podemos mantenernos en nuestras bien establecidas políticas. Los que comparten estas percepciones, aunque se autoconsideren radicales, de hecho son conservadores, porque yo creo que no quieren enfrentarse a los enormes cambios que están sucediendo a nuestro alrededor.

Por otro lado, tenemos los llamados hiperglobalizadores que argumentan, contrariamente a los anteriores, que la globalización ha llegado al punto de hacer irrelevante el Estado nación, que los gobiernos son irrelevantes, que el mercado global es el único dueño y señor, y que lo único que pueden hacer los gobiernos es reducir su dimensión y suprimirse, dejar paso libre. La política ya no es relevante en un mundo dominado por las fuerzas del mercado global.

Yo quisiera sugerir que ninguna de estas visiones es adecuada. Los escépticos de la globalización están completamente equivocados. Los estudios recientes sobre la globalización indican claramente, y sin sombra de duda, que el período actual de globalización por lo que hace a la economía es decididamente diferente del de finales del siglo XIX, no solamente por el impacto de la información electrónica de los mercados monetarios durante las 24 horas del día, sino también medido en otras formas de comercio y de intercambio de bienes económicos.

Ello no obstante, los hiperglobalizadores también están equivocados porque sugieren que el proceso de globalización ha sido completado, y no es así. Estamos en las fases iniciales del impacto de la nueva globalización. Hemos de entender que la palabra globalización no incluye sólo el mercado económico global, no comprende únicamente los mercados monetarios mundiales. La globalización tiene que ver con la comunicación, con el impacto de la comunicación electrónica en nuestro mundo. La globalización habría de entenderse, en mi opinión, como la primera fase en la formación de una sociedad cosmopolita global. Nosotros estamos viviendo en la primera fase de la emergencia de una sociedad global cosmopolita, que está cambiando todas nuestras instituciones tradicionales: matrimonio, familia, género o emociones personales, pasando por los sistemas a gran escala que nos rodean.

Una de las tareas de la política de la tercera vía, de alguna manera, consiste en ser pionera de nuestra entrada en esta nueva sociedad mundial cosmopolita.

2) El segundo gran cambio es la emergencia de lo que al menos en los países anglófonos se llama la economía sin peso global o desmaterializada.

Si hubiesemos de medir físicamente la cantidad de bienes comercializados hace treinta años y comparásemos este peso con el de los bienes comercializados en la economía global hoy, encontraríamos que pesan más o menos lo mismo. El volumen total de bienes físicos comercializados en el mundo de hoy no ha aumentado. Sin embargo el valor de la economía global durante este período ha aumentado dos veces y media. Esto nos indica que es el intercambio de información, la comercialización de información y no de los bienes físicos lo que hoy ha devenido crucial para la creación de valor. Podríamos fechar de algún modo el surgimiento de esta economía sin peso: comenzó, podríamos decir un poco alegremente, en 1981, ya que en este año por vez primera en los Estados Unidos la cantidad total de inversión en tecnología de la información fue superior a la de la industria manufacturera. La economía sin peso ha destruido la antigua clase trabajadora. La razón del declive de la industria manufacturera en los países occidentales no es la globalización misma sino ciertamente los cambios tecnológicos: específicamente, el impacto de la tecnología de la información en los procesos de producción. La destrucción de la clase trabajadora tradicional evidentemente también ha destruido los espacios de la política socialdemócrata.

3) El tercer y no menos importante cambio, aunque a menudo no analizado, es la influencia decreciente de la tradición, las costumbres y los hábitos en nuestras vidas.

La transformación de nuestras vidas cotidianas puede describirse diciendo que vivimos nuestras vidas cada vez menos como un destino. En nuestras generaciones anteriores la vida estaba estructurada por el destino, por el contexto de nacimiento y por las formas de las costumbres y deferencias que existían en aquellas circunstancias.

Tomemos el ejemplo del matrimonio tradicional en el Reino Unido: hace sólo una generación el matrimonio estaba institucionalizado. En el caso de ser mujer el futuro más probable era tener hijos, quedarse en casa, cuidar a los hijos y quizás continuar cuidando a los nietos. En el caso de ser hombre el destino era entrar en el mercado laboral, trabajar la parte más importante de la vida, retirarse y hacer lo que se pudiera durante la jubilación. Esto ya no es así. Los matrimonios ya no están institucionalzados de este modo. El género tampoco y nuestras vidas cotidianas han quedado completamente transformadas.

Esto es lo que significa vivir en una sociedad de información global. La sociedad de la información es un reflejo de la sociedad y esto es muy significativo, ya que quiere decir que por primera vez la masa de la población vive en el mismo entorno informativo que el Estado y el gobierno. El Estado y el gobierno ya no tienen un dominio de información separado de la mayor parte de la población que gobiernan. La crisis de la democracia liberal, el déficit democrático de la sociedad occidental, es un resultado, hasta cierto punto de este fenómeno. Pero, como diré enseguida, es un fenómeno lleno de esperanzas y posibilidades.

Tal como yo las entiendo, las políticas de la tercera via son un intento de repensar positivamente estos cambios, de defender, al menos, algunos aspectos de algunos valores tradicionales de la izquierda en el contexto de estos cambios y transformaciones extraordinarias e imprevisibles. Ante estos cambios y transformaciones, las reflexiones y pensamientos de las ideologías políticas existentes están agotadas. Todos sabemos que lo están. Sólo hemos de ver los debates parlamentarios en Europa, lo que sucedió en Italia a finales de los 80 o los debates entre el SPD y los verdes en Alemania. Ya veíamos aquí una conciencia de este agotamiento. Hay alguna cosa nueva que todavía no ha surgido y ahora hemos de hacer que surja: la política de la tercera via trata justamente de este marco político.

La política de la tercera vía hasta cierto punto es una teorización de la praxis gubernamental, por ejemplo, del gobierno dirigido tan hábilmente por Jordi Pujol aquí o del liderado por Tony Blair en el Reino Unido. Hay una praxis que va por delante de la teoría. La teoría no solamente ha de justificar esta praxis sino que ha de ser orientadora, ha de informarla y ha de proporcionar una base de política para esta teoría.

Por tanto permitidme que ahora identifique algunas características clave de lo que yo considero que es la política de la tercera vía. Lo que les describo aquí no es un programa político completo, es un programa politico que está emergiendo, que ya se ha formado y ya tiene cara y ojos. Permitidme que lo describa listando sus características clave:

A) La tercera vía no es un compromiso entre el neoliberalismo y la socialdemocracia. Es un intento de ir más allá de ambos. La tercera vía no es un renacimiento, una reedición, de los valores socialdemócratas, no es sencillamente un renacimiento de los valores o estrategias de la izquierda. Es un intento de preservar algunos de estos valores, pero otros valores han de ser abandonados o transformados.

¿Qué es la política de la tercera vía? Yo la describiría como un movimiento radicalizador del centro o, si lo prefieren, del centroizquierda. Un movimiento modernizador del centro, que, ahora que la clase social no puede ser la base de la afiliación política como lo fue en el pasado, utiliza al centro como medio para iniciar políticas radicales. En las antiguas políticas de clase, el radicalismo significaba radicalismo de la clase trabajadora. Ya no puede significar eso. El radicalismo, para nosotros, ha de tener una forma, pero ya no es compatible con el centro, porque el centro ya no es un compromiso, un acuerdo, si la política no es sencillamente izquierda y derecha.

¿Qué es la política de la tercera via y que hemos de decir sobre la división entre la izquierda y la derecha? Esta división todavía cuenta, todavía es importante. Esta división separa especialmente la izquierda y la derecha alrededor de los temas de la desigualdad, la creencia en que el gobierno puede hacer y ha de hacer algo sobre la desigualdad y sobre el tema de la radicalización de la democracia. Esto es lo que yo llamo política emancipadora. Este tipo de política todavía es importante y, por tanto, la división entre la izquierda y la derecha no se eliminará.

Lo que la política ha de discutir en un mundo de globalización, en un mundo de transformación de la familia, en un mundo marcado por la entrada de la nueva economía de la información, es que la izquierda y la derecha ya no aportan una manera adecuada de tratar estos temas, aunque la izquierda y la derecha continuarán siendo significativas. Necesitamos una política que vaya más allá de la izquierda y la derecha y que implique de alguna manera un consenso social, y que nos permita ayudar a guiar a la gente a través de las grandes revoluciones de nuestro tiempo. La gran revolución es la revolución global, la revolución de la tecnología de la información y la revolución de la igualdad de los sexos.

La política de la tercera vía es un intento no solamente de dirigir la gente por medio de estas transformaciones sino también de permitirles dirigir sus propias vidas por lo que hace a los valores.

La política de la tercera vía es diferente de la izquierda clásica porque ya no es igualitaria en el sentido estricto de la palabra, aunque dice que quiere proteger la igualdad, porque da un gran papel a la libertad individual y porque, contrariamente a la derecha, reconoce que la libertad significa autonomía. Libertad no es la mismo que desregulación. La libertad para materializarse exige la utilización de recursos colectivos. La libertad para nosotros, políticos de la tercera vía, ha de significar autodesarrollo, autoactualización, autorealización. Esto es algo mucho más complejo que una derecha neoliberal.

Por tanto, la primera característica de la política de la tercera vía es que es un movimiento radicalizador del centro, aunque en mi opinión es del centroizquierda, porque tiene unos valores clave de la izquierda, pero añade un radicalismo en un aspecto mucho más amplio que transforma el mundo en que vivimos.

B) Un objetivo clave en la política de la tercera vía es desarrollar una economía dinámica, que sea competitiva en el mercado mundial, que tenga calidades empresariales, que, contrariamente a la antigua izquierda, reconozca la centralidad de la creación de riqueza, y que reconozca que la creación de riqueza no puede ser llevada a cabo únicamente por el Estado y que, por tanto, la empresa tiene un papel fundamental en nuestro futuro social.

La creación de riqueza en una economía dinámica significa una sociedad dinámica. Y, en términos más concretos, significa una sociedad dispuesta a tomar riesgos.

La política de la tercera vía busca un nuevo equilibrio entre el riesgo y la seguridad. Los estados del bienestar tradicional nos protegían contra muchos riesgos, eran como una especie de versión estática de la seguridad. De arriba abajo. Esta especie de seguridad ya no es tan relevante como lo fue en otro tiempo. Ahora queremos una sociedad de personas que estén dispuestas a tomar riesgos de manera prudente, y esto aplicado no solamente a los empresarios sino también al mercado laboral, a la fuerza de trabajo. Queremos una fuerza de trabajo que este dispuesta a invertir en su propio capital humano, en nuevas industrias, por ejemplo, donde haya problemas. Y el matrimonio, la familia, la sexualidad, las relaciones humanas, etc, también han de tener personas responsables que estén dispuestas a asumir riesgos cuando lo necesiten hacer, y que puedan gestionar las relaciones cuando estas se rompan, porque seguramente no veremos ya muchos matrimonios que duren cuarenta o cincuenta años. Esto sólo se aplicará a una minoría de personas. Esto es un acontecimiento cultural que hemos de tomar en cuenta, pero también es una nueva cultura que implica nuevos mecanismos de seguridad.

El problema clave para la política de la tercera vía es como reconciliar una economía dinámica con unos mercados laborales activos dentro de una sociedad que reconozca normas de seguridad social, de justicia social y de inclusión colectiva. Piensen que nadie ha resuelto todavía este problema, pero sabemos, pienso, como se puede comenzar a tratarlo.

C) La política de la tercera vía intenta reconstruir el Estado del bienestar, pero no como los neoliberales sugieren, sobre la base de producir un sistema de seguridad mínimo. La política de la tercera vía rechaza el conservadurismo de la socialdemocracia. El Estado del bienestar no se puede dejar intacto porque el Estado del bienestar corresponde sencillamente, como todos sabemos, a un mundo muy diferente del que vivimos actualmente.

La tercera vía, por tanto, es diferente de la política socialdemócrata tradicional, pero también sumamente diferente de las concepciones neoliberales del Estado del bienestar, que producen toda una serie de connotaciones negativas de las instituciones del bienestar.

Hay un experimento informal muy interesante para entender la importancia del Estado del bienestar: en un encuentro internacional había una sala llena de americanos de éxito que tenían unos cuarenta años junto a un grupo de europeos también de unos cuarenta años, y el profesor les preguntó si el Estado del bienestar había sido importante en su éxito o no. Ningún americano levantó la mano. Pero casi todos los europeos lo hicieron.

En Europa el Estado del bienestar siempre ha sido y ha de seguir siendo reformado para permanecer como un instrumento de autorealización y de éxito. No es suficiente hacer que el Estado del bienestar tenga que ocuparse de los trozos perdidos de la parte baja de la sociedad. En los Estados Unidos vemos la dificultad, la consecuencia terrible si seguimos esta ruta. La política de la tercera vía, por tanto, exige una reforma radical del Estado del bienestar. Sugiero que esta reforma radical ha de cubrir la educación, la formación, la salud, los mercados y los subsidios de desempleo, incluyendo, además, las pensiones. Esto no obstante, sugiero también que la reforma radical propuesta no ha de implicar niveles reducidos de gasto en el Estado del bienestar, aunque con la excepción parcial de las pensiones, ya que algunos países están muy endeudados en sus obligaciones del Estado del bienestar. Por tanto lo que hemos de buscar es un Estado del bienestar reformado, que sea activo, que sea dinámico y que corresponda a las necesidades de implicación en una economía global, pero que sea un Estado que podamos llamar Estado del bienestar, con el que se implique principalmente la clase media.

La democracia social tradicional siempre consideraba que el gobierno era la respuesta. El neoliberalismo siempre propuso que el gobierno era justamente el problema. Para la política de la tercera vía el tema no es reducir las dimensiones del gobierno ni tampoco proteger el Estado sino reestructurarlo.

En la reestructuración del Estado se halla una de las tareas principales en que la praxis política hasta hoy ha superado a la teoría. En la Gran Bretaña de Tony Blair, por ejemplo, tenemos la reforma constitucional, la introducción de la ley de libertad de información, la entrega del poder que de alguna manera imita lo que ha sucedido en este país mucho antes y toda una serie de reformas sin teoría. Pero la teoría habría de ser recapturar la legitimidad de la política. Este no es un mundo en que el gobierno sea menos importante que en el pasado. Es un mundo en que el gobierno todavía es más importante que en el pasado, mucho más importante de lo que era, pero el gobierno ya no puede ser sólo un gobierno nacional. Eso no se compadecería con la ´devoluciónª (descentralización del país a través de la devolución del poder), es decir, la característica principal de los cambios estructurales que están afectando nuestro mundo.

Ahora bien, si miramos las encuestas sobre las actitudes políticas de la gente encontramos unos resultados muy interesantes. No es verdad que la gente esté ahora menos interesada en la política de lo que lo ha estado. Podemos estar menos interesados en los líderes políticos ortodoxos y podemos sentirnos más ajenos a la política parlamentaria de lo que nos sentíamos en el pasado, pero las encuestas demuestran que la gente está hoy más interesada en la política de lo que lo estaba hace veinte o treinta años. Pienso que eso es intuitivo. Las encuestas también demuestran que esto es más cierto en la generación joven. No es verdad que la generación joven esté menos interesada en la política en comparación con la anterior; al contrario, las encuestas indican que la generación joven está muy interesada en la política, más todavía que la generación anterior. Ello no obstante, el tipo de política en que se interesa y el tipo de compromiso y de implicación que busca no es la integración en la política parlamentaria ni de los congresos partidistas. La generación joven está más interesada en una gama mucho más amplia de temas políticos: la solidaridad y la cooperación internacional, el respeto a la diversidad cultural y de las identidades, los derechos de los animales, la ecología, la sexualidad, los derechos de la familia, la homosexualidad, muchos temas como éstos que hasta cierto punto sólo tocan parcialmente el campo político ortodoxo tradicional.

Mediante la regeneración de la legitimidad política conseguiremos la transformación de la democracia para permitir que estos temas se incluyan y también para permitir que la gente vuelva a formar parte de la política. Yo describo lo que es necesario, lo que llamo la democratización de la democracia. La democracia liberal parecía ganar con la caída del comunismo, pero la democracía liberal había funcionado como una respuesta al comunismo.

Era una especie de sección del mundo bipolar en que vivíamos. Cuando el comunismo cayó, la falta de adecuación de la política ortodoxa neoliberal quedó patente. Es por esta razón que se han dado tantos casos de corrupción en todo el mundo durante los últimos años. Es por eso que por doquier se habla siempre de que necesitamos una mayor transparencia. Es por eso que en todas partes encontramos experimentos con democracia directa en el escenario, y discusiones y debates sobre las posibilidades de la democracia electrónica. Ahora bien, no sabemos cuáles son estas posibilidades, pero sabemos que hemos de experimentar con estas posibilidades.

Yo intentaría por tanto, como parte de la política de la tercera vía, conseguir la reconstrucción de la democracia en un movimiento hacia arriba y hacia abajo de devolución de poderes, y la introducción y la experimentación con diferentes mecanismos democráticos y una ampliación del orden del día político.

Este movimiento hacia arriba de la democracia pienso que ha de ser un movimiento mundial, global. Pienso que la política de la tercera vía busca lo que el sociólogo David Held llama la democracia cosmopolita a una escala mundial. Esto ya no es un proyecto utópico en un mundo que ya está deviniendo cosmopolita en su propia estructura. La política de la tercera vía toma una actitud diferente hacia la igualdad y la desigualdad en comparación con las filosofías tradicionales de la izquierda y la derecha. Toda la antigua democracia social busca la igualdad, y la igualdad de resultados. Sabemos que esta clase de sociedad sólo es posible si es autoritaria, si está atrapada y si excluye la individualidad y el pluralismo cultural, y nadie quiere ya, tras la caída del comunismo, esta clase de sociedad. No obstante, de ahí no se deriva que tengamos que refugiarnos en el neoliberalismo. No podemos tener una sociedad que acepte ampliar las desigualdades que vemos, ni tampoco podemos identificar la igualdad con la igualdad de oportunidades. No podemos tener una sociedad estable que esté basada puramente en la igualdad de oportunidades.

Entiendo que éste es un punto fundamental. Permitidme que diga por qué. No podemos tener esta clase de sociedad por diversas razones:

1) Primero, si tuvieramos una sociedad de igualdad de oportunidades fuerte, habría mucho movimiento hacia abajo. Las personas con éxito subirían en cada generación, pero por definición muchas personas caerían. Habría muchos perdedores en este sistema. Ahora bien, sabemos, a partir de la investigación social, que los movimientos hacia abajo a escala masiva crean divisiones sociales y son socialmente peligrosos. No podemos tener una sociedad así.

2) Segundo, si tuvieramos una cosa que se aproximara a una pura igualdad de oportunidades -meritocrácia-, tendríamos personas en la base de esta sociedad que no sólo estarían allí sino que reconocerían que merecen estar donde están. Esta clase de sociedad crearía esencialmente una clase de excluidos, que se autoreconocerían como inferiores, en comparación con los otros, y eso no sería tolerable en una sociedad de todos.

3) Finalmente, una sociedad de pura igualdad de oportunidades produciría una enorme desigualdad de resultados. Podemos verlo fácilmente si analizamos el fenómeno de los llamados mercados que ganan todo y que hoy operan en el capitalismo. Los ganadores ganan todo. Son mercados para la diferencia marginal entre los ejecutivos superestrella, empresas que están dispuestas a pagar cantidades masivas por una pequeña diferencia entre un ejecutivo y otro, porque creen que eso añadirá un enorme valor a su empresa, independientemente que sea verdad o no. Y eso está produciendo una enorme desigualdad en el capitalismo global, especialmente en los Estados Unidos y en otros países. Estas desigualdades, a pesar de la igualdad de oportunidades, son justamente un ejemplo de igualdad de oportunidades. Ésta crearía una sociedad muy desigual desde un punto de vista del resultado. Por tanto, todavía hemos de tener la redistribución en el orden del día. Todavía hemos de tener una sociedad que tenga una cierta cantidad de igualdad de resultados.

El modelo de igualdad de la política de la tercera vía es moderado, es una meritocracia moderada, es una igualdad de oportunidades moderada combinada con el sostenimiento de la igualdad de resultados moderada. Para alcanzar un resultado de igualdad se ha de hacer que la clase media se expanda. Se ha de contener lo que se llama la revolución de las élites. La política de la tercera vía redefine la desigualdad como exclusión. Pero esta exclusión no ha de entenderse sólo como exclusión de los de abajo; no es suficiente hacer que los que están abajo quedan incluídos, sino que también se ha de incluir a los de arriba. Se les ha de motivar a participar en los servicios públicos creando un determinado tipo de ciudad, como es Barcelona, que ha devenido un espacio público vibrante y excelente. Eso es un buen reflejo de la sociedad de la política de la tercera vía.

D) Finalmente, la política de la tercera vía ha de seguir el modelo de lo que yo llamaría la nación cosmopolita. Las dos filosofías políticas clásicas tienen grandes déficits en esta área. El neoliberalismo, el conservadurismo tradicional, siempre han tenido un modelo xenófobo de nacionalismo. Este modelo de nacionalismo siempre era incoherente con la filosofía del mercado libre.

Hay una imagen muy divertida que me viene a la mente cuando pienso en las contradicciones del modelo neoliberal del Estado nación: la señora Thatcher colocando su pañuelo en la cola de los nuevos aviones británicos. En el pasado estos aviones llevaban la bandera británica en la cola, pero a medida que la empresa de transporte aéreo se ha hecho global la bandera británica ha ido desapareciendo y la señora Thatcher odiaba eso, ya que lo vivía como una ofensa al nacionalismo británico, lo que es totalmente incoherente con la idea de un mercado global, manteniendo al mismo tiempo un chauvisimo nacionalista xenófobo.

El nacionalismo cosmopolita, por otra parte, ha de ser cultivado activamente, ha de ser compatible con los valores liberales. No es un nacionalismo como destino nacional. Es el nacionalismo cultivado como manera consciente y reflexionado en relación con un mundo cosmopolita más amplio. Es un nacionalismo ideológico, de alguna manera, en diálogo abierto y fructífero con las otras identidades nacionales. Es evidentemente la clave para el éxito de la Unión Europea. Montserrat Guibernau -que se ha hecho tan famosa en el Reino Unido como lo es en Catalunya como expositora de las teorías del nacionalismo y de las naciones sin Estado-, cuando habla de las naciones sin Estado, las trata como excepcionales, pero yo considero que habría de tratarlas como la norma, hoy. Las naciones sin Estado serán cada vez más la condición normal de la nación, porque la sobernía está transformándose.

Uno de los acontecimientos más importantes de la historia de mi país, y hasta de la historia europea, sucederá mañana. Este acontecimiento es el referendum de Irlanda del Norte, que no es un acontecimiento local sino global. Hay mucho interés en este acontecimiento en todas partes del mundo. Lo que hace posible una solución al problema de Irlanda del Norte es que lo que es posible hoy no lo era hace diez, quince o veinte años, es la naturaleza cambiante de la soberanía a causa de su naturaleza múltiple y la emergencia de la idea de la nación cosmopolita y cultivada. Y es posible porque Irlanda del Norte ya no se enfrenta a la alternativa sencilla de unirse a Irlanda o permanecer en el Reino Unido. El Reino Unido por si mismo está cambiando, está descentralizándose, tal como lo ha hecho España. Irlanda del Norte es una economía tigre dentro de la Unión Europea. Irlanda del Norte puede mirar hacia Irlanda, hacia el Reino Unido o hacia la Unión Europea, y no solamente hacia una de ellas, sino hacia todas estas afiliaciones múltiples. Un mundo de soberanía múltiple es el mundo de la sociedad emergente global cosmopolita: es un mundo, por tanto, donde la idea de la nación es fundamental, donde la clase de cultivo de la nación, -como el presidente Pujol explica tan bien en sus escritos desde hace años, justamente antes de que estas ideas resultaran normales en el Reino Unido-, el cultivo de una idea liberal de la nación, es una característica clave de la cohesión social, es una característica clave del Estado del bienestar, porque es una manera de poder mantener a los más ricos implicados en sus comunidades o regiones o naciones por lo que hace al ámbito local. La nación cosmopolita en una sociedad global cosmopolita, éste es el mensaje de la política de la tercera vía.

Como conclusión, permítanme sugerir, por tanto, que quizás nos hallemos en una época de sensibilidades culturales cambiantes, una época que está cambiando quizás por nuestra emergencia de la sombra del mismo milenio. Nadie sabe qué significa el nuevo milenio, el tercer milenio, o qué consecuencias nos traerá cuando un buen día nos despertemos y comencemos a poner la fecha ´año 2000ª en nuestro cheque, y el cheque no funcione porque el sistema informático se haya desintegrado. Nadie sabe cómo será este mundo. Pero pienso que podemos hacer algunas sugerencias. Para la pasada generación, toda la cultura intelectual occidental ha estado repleta de una idea de agotamiento, según la cual todo se acaba, las cosas se acaban: tenemos el fin del comunismo, el fin del marxismo, el fin del socialismo, tenemos el final de la historia, el final de la ciencia, el final del mundo, el final de la familia, del Estado del bienestar, del Estado nación. Yo os retaría, retaría a encontrar una institución donde no haya alguien que haya escrito un libro que no diga ´esto se acabaª. Es, pues, una situación muy curiosa porque no podemos tener final sin principio. Hemos de analizar nuestra situación y verla como una situación de transformación y no como una situación de finalización o de final. Hemos de empezar a hablar de comienzos más que de agotamientos o finales. Hemos de intentar recuperar el idealismo en la política, hemos de revisar y hacer que renazca el centroizquierda como una forma de idealismo político, y hemos de crear un ideal por el que poder luchar. Hemos de intentar hacer que este ideal sea realista, y estos ideales son realistas y la estructura del mundo siga los patrones que estoy sugeriéndoles.

Esta es la razón por la que pienso que a medida que el neoliberalismo desaparece en la distancia y que el postmodernismo se diluye como filosofía cultural, veremos el resurgimiento de un programa político eficaz de transformación que nos permitirá, al menos, intentar conseguir una sociedad decente, que incluya a todo el mundo y que opere a escala global, donde todos podremos ver hacia donde vamos y en la que, como dije en la introducción, podamos ser tan realistas como al mismo tiempo utópicos.

Gracias por su atención.

Anthony Giddens es Sociólogo. Director de la London School of Economics and Political Science. Conferencia pronunciada el 21 de mayo de 1998 en la Fundación Trías Fargas, a la que agradecemos el permiso para su traducción, que corrió a cargo de Joan Prats.

Avizora

El desorden creador, IIya Prigogine


1002 - Las opiniones sobre la noción de tiempo son, frecuentemente, variadas y contradictorias. Un físico dirá que ha sido introducida por Newton y que el problema que esa noción plantea ha sido globalmente resuelto. Los filósofos piensan de manera muy diferente: relacionan el tiempo con otras nociones, como el devenir y la irreversibilidad. Para ellos, el tiempo sigue siendo una interrogación fundamental. Me parece que esta divergencia de puntos de vista es la cesura más neta dentro de la tradición intelectual occidental. Por un lado, el pensamiento occidental ha dado nacimiento a la ciencia y, por consiguiente, al determinismo; por otro lado, este mismo pensamiento ha aportado el humanismo, que nos remite, más bien, hacia las ideas de responsabilidad y creatividad.

Filósofos como Bergson o Heidegger han planteado que el tiempo no incumbe a la física, sino a la metafísica. Para ellos, el tiempo pertenece claramente a un registro diferente, sobre el que la ciencia no tiene nada que decir. Pero estos pensadores disponían de menos herramientas teóricas de las que tenemos hoy.

Personalmente, considero que el tiempo brota de lo complejo. Un ladrillo del paleolítico y un ladrillo del siglo XIX son idénticos, pero las edificaciones de las que formaban parte no tienen nada en común: para ver aparecer el tiempo hay que tomar en consideración el todo.

El no-equilibrio, fuente de estructura
Los trabajos que he realizado hace una treintena de años han demostrado que el no-equilibrio es generador de tiempo, de irreversibilidad y construcción. Hasta entonces, durante el siglo XIX y gran parte del XX, los científicos se habían interesado, sobre todo, en los estados de equilibrio. Después han comenzado ha estudiar los estados cercanos al equilibrio. Así, han evidenciado el hecho de que, desde el momento en que se produce un pequeño alejamiento del equilibrio termodinámico, se observa la coexistencia de fenómenos de orden y fenómenos de desorden. No se puede, por tanto, identificar irreversibilidad y desorden.

El alejamiento del equilibrio nos reserva sorpresas. Nos damos cuenta de que no se puede prolongar lo que hemos aprendido en estado de equilibrio. Descubrimos nuevas situaciones, a veces más organizadas que cuando hay equilibrio: se trata de lo que yo llamo puntos de bifurcación (1), soluciones a ecuaciones no lineales. Una ecuación no lineal admite frecuentemente varias soluciones: el equilibrio o la proximidad al equilibrio constituye una solución de esa ecuación, pero no es la única solución.

Así, el no-equilibrio es creador de estructuras, llamadas dísipativas porque sólo existen lejos del equilibrio y reclaman para sobrevivir una cierta disipación de energía y, por tanto, el mantenimiento de una interacción con el mundo exterior. Al igual que una ciudad que solamente existe en cuanto que funciona y mantiene intercambios con el exterior, la estructura disipativa desaparece cuando deja de ser "alimentada".

Ha sido muy sorprendente descubrir que, lejos del equilibrio, la materia tiene propiedades nuevas. También asombra la variedad de los comportamientos posibles. Las reacciones químicas oscilantes son una buena muestra de ello. Por ejemplo, el no-equilibrio conduce, entre otras cosas, a fenómenos ondulatorios, en los que lo maravilloso es que están gobernados por leyes extremadamente coherentes. Estas reacciones no son patrimonio exclusivo de la Química: la hidrodinámica o la óptica tienen sus propias particularidades.

En el equilibrio, la materia es ciega; lejos del equilibrio la materia ve
Finalmente, las situaciones cercanas al equilibrio están caracterizadas por un mínimo de alguna cosa (energía, entropía, etc.), al que una reacción de pequeña amplitud las hace retornar si se alejan un poco de él. Lejos del equilibrio, no hay valores extremos. Las fluctuaciones ya no son amortiguadas. En consecuencia, las reacciones observadas lejos del equilibrio se distinguen con más nitidez, y por tanto, son mucho más interesantes. En el equilibrio, la materia es ciega, mientras que lejos del equilibrio la materia capta correlaciones: la materia ve. Todo esto conduce a la paradójica conclusión de que el no-equilibrio es fuente de estructura.

El no-equilibrio es un interface entre ciencia pura y ciencia aplicada, aunque las aplicaciones de estas observaciones a la tecnología estén solamente en sus inicios. Actualmente, empieza a comprenderse que la vida es, probablemente, el resultado de una evolución que se dirige hacia sistemas cada vez más complejos. Es cierto que no se conoce exactamente el mecanismo que ha producido la primeras moléculas capaces de reproducirse. La naturaleza utiliza el no-equilibrio para sus estructuras más complejas. La vida tiene una tecnología admirable, que muy frecuentemente no llegamos a comprender.

Pensar en términos de probabilidades, no de trayectorias
El no-equilibrio no puede ser formalizado a través de ecuaciones deterministas. En efecto, las bifurcaciones son numerosas y, cuando se repiten las experiencias, el camino seguido no es siempre el mismo. Por tanto, el fenómeno es determinista entre las bifurcaciones, pero es totalmente aleatorio en las bifurcaciones. Entra en &directa contradicción con las leyes de Newton o de Einstein, que niegan el indeterminismo. Evidentemente, esta contradicción me ha preocupado mucho. ¿Cómo superarla? La actual teoría dinámica nos ofrece herramientas particularmente interesantes al respecto. Contrariamente a lo que pensaba Newton, ahora se sabe que los sistemas dinámicos no son todos idénticos. Se distinguen dos tipos de sistemas, los sistemas estables y los sistemas inestables. Entre los sistemas inestables, hay un tipo particularmente interesante, asociado con el caos determinista. En el caos determinista, las leyes microscópicas son deterministas pero las trayectorias toman un aspecto aleatorio, que procede de la "sensibilidad a las condiciones iniciales": la más pequeña variación de las condiciones iniciales implica divergencias exponenciales. En un segundo tipo de sistemas, la inestabilidad llega a destruir las trayectorias (sistemas no integrables de Poincaré). Una partícula ya no tiene una trayectoria única, sino que son posibles diferentes trayectorias, cada una de ellas sujeta a una probabilidad.
Hipótesis Hipótesis en la Investigación - Sujeto y estructura social - Alexandre Koyré - Filosofía de la Conciencia - La lógica especulativa y experimental de Galileo Galilei





Agruparemos estos sistemas bajo el nombre de caos. ¿Cómo tratar este mundo inestable? En vez de pensar en términos de trayectorias, conviene pensar en términos de probabilidades. Entonces, se hace posible realizar predicciones para grupos de sistemas. La teoría de caos es algo semejante a la mecánica cuántica. Es necesario estudiar en el ámbito estadístico las funciones propias del operador de evolución (hacer su análisis espectral correspondiente). En otros términos, la teoría del caos debe formularse a nivel estadístico, pero esto significa que la ley de la naturaleza toma un nuevo significado. En lugar de hablar de certidumbre, nos habla de posibilidad, de probabilidad.

La flecha del tiempo es, simultáneamente, el elemento común del universo y el factor de distinción entre lo estable y lo inestable, entre lo organizado y el caos. Para ir más lejos en esta reflexión, es necesario extender los métodos de análisis de la física cuántica, especialmente saliendo del espacio euclidiano (el espacio de Hilbert, en sentido funcional) en cuyo seno está definida. Afortunadamente, matemáticos franceses, ante todo Laurent Schwartz, han descrito una nueva matemática, que permite aprehender los fenómenos de caos y describirles en el ámbito estadístico.

Pero el caos no explica todo. La historia y la economía son inestables: presentan la apariencia del caos, pero no obedecen a leyes deterministas subyacentes. El simple proceso de la toma de decisión, esencial en la vida de una empresa, recurre a tantos factores desconocidos que sería ilusorio pensar que el curso de la historia puede modelizarse por medio de una teoría determinista.

El segundo tipo de sistemas inestables evocados más arriba es conocido bajo la denominación de sistemas de Poincaré. Los fenómenos de resonancia juegan en ellos un papel fundamental, pues el acoplamiento de dos fenómenos dinámicos da lugar a nuevos fenómenos dinámicos. Estos fenómenos pueden ser incorporados en la descripción estadística y pueden conducir a diferencias con las leyes de la mecánica clásica newtoniana o la mecánica cuántica. Estas diferencias se ponen de manifiesto en los sistemas en los que se producen colisiones persistentes, como los sistemas termodinámicos. La nueva teoría demuestra que se puede tender un puente entre dinámica y termodinámica, entre lo reversible y lo irreversible.

La inestabilidad no debe conducirnos al inmovilismo
Nos encontramos en un período "bisagra" de la ciencia. Hasta el presente, el pensamiento ponía el acento sobre la estabilidad y el equilibrio. Ya no es así. El propio Newton sospechó la inestabilidad del mundo, pero descartó la idea porque la encontró insoportable. Hoy, somos capaces de apartarnos de los prejuicios del pasado. Debemos integrar la idea de inestabilidad en nuestra representación del universo. La inestabilidad no debe conducir al inmovilismo. Al contrario, debemos estudiar las razones de esta inestabilidad, con el propósito de describir el mundo en su complejidad y comenzar a reflexionar sobre la manera de actuar en este mundo. Karl Popper decía que existe la física de los relojes y la física de las nubes. Después de haber estudiado la física de los relojes, ahora debemos estudiar la física de las nubes.

La física clásica estaba fundada sobre un dualismo: por un lado, el universo tratado como un autómata; por otro lado, el ser humano. Podemos reconciliar la descripción del universo con la creatividad humana. El tiempo ya no separa al ser humano del universo.

NOTAS
(1) Los puntos de bifurcación son puntos singulares que corresponden a cambios de fase en el no-equilibrio.

Avizora

Antropología de la libertad, Edgar Morin


Una libertad es una posibilidad de elección

Una posibilidad de elección puede ser interior, es decir, subjetivamente o mentalmente posible; es una libertad de espíritu. Puede ser exterior, es decir, objetivamente o materialmente posible; es una libertad de acción

Cuantos más sean los dominios que ofrecen posibilidades de elección, más, en cada dominio, las elecciones son numerosas y variadas, mayores son las posibilidades de libertades; cuanto más importante para su propia existencia es el tipo de elección posible, más elevado es el nivel de libertad (elección de medio de transporte, elección de profesión, de residencia, de vida)

A primera vista, nos parece evidente que el ser humano dispone, en condiciones favorables, de posibilidades de libertad. Sentimos subjetivamente nuestra libertad cada vez que tenemos la ocasión de elegir entre alternativas y tomar una decisión

A la inversa, toda consideración objetiva de nuestra condición parece reducir la libertad a una ilusión subjetiva; sufrimos las coacciones de nuestro medio natural al que debemos adaptarnos; estamos sometidos por nuestro patrimonio genético que produce y sustenta sin cesar nuestra anatomía, nuestra fisiología, nuestro cerebro y, por tanto, nuestra posibilidad de inteligencia y de consciencia; estamos sometidos por nuestra cultura que inscribe en nuestro espíritu, desde nuestro nacimiento, sus normas, tabúes, mitos, ideas, creencias, y estamos sujetos a nuestra sociedad que nos impone sus leyes, reglas y prohibiciones; estamos incluso poseídos por nuestras ideas que se adueñan de nosotros cuando creemos disponer de ellas. De este modo, somos ecológicamente dependientes y estamos genética, social, cultural e intelectualmente sometidos. ¿Cómo podríamos disponer de libertades cuando estamos tan sometidos por todas partes?

El imperio del medio

Como frecuentemente hemos dicho (cf. El método 1 y 2), nos hace falta sustituir la concepción de que el medio exterior impone sus fatalidades a los seres vivientes por una concepción de la autonomía dependiente

La autonomía viviente es inseparable de la autoorganización; ésta produce sus propias reglas y el ser vivo efectúa su propio comportamiento en el seno de su ambiente. Ciertamente, una organización así depende de determinaciones físico-químicas, pero éstas son integradas, trascendidas y utilizadas en y por la autoorganización viviente (cf. El método 1: 108-110)

Como lo hemos expuesto igualmente en otra parte, la autonomía viviente depende de su medio exterior, de donde extrae energía y organización. Así, no hay autonomía viviente que no sea dependiente (1). Lo que produce la autonomía produce la dependencia que produce la autonomía

La existencia social ha dado al ser humano una autonomía considerable; los desarrollos técnicos de la agricultura, los transportes, la industria, han constituido conquistas de autonomía mediante sojuzgamiento de energías materiales y explotación de producciones naturales, conduciendo a una efectiva dominación de la naturaleza, a través evidentemente de una multiplicación de dependencias y una dependencia global con respecto a la biosfera de la que formamos parte

Al desarrollar su autonomía domesticando la naturaleza, la sociedad histórica desarrolla e impone sus coacciones sobre los individuos (frecuentemente hasta someter al mayor número), lo que nos conduce a preguntarnos: ¿la autonomía ganada con respecto a la naturaleza estaría perdida, por los individuos, con respecto a la cultura y la sociedad?

La influencia de los genes

Antes de pasar a esta interrogación, es necesario examinar si la autonomía viviente con respecto al mundo exterior no comporta en sí misma una dependencia interior ineluctable

Desde luego la dependencia de una organización autónoma con respecto a sí misma es la condición evidente de toda autonomía. Pero el problema se profundiza cuando se considera que la autoorganización viviente -y desde luego la humana- es genéticamente dependiente. Se trata de una dependencia de origen anterior puesto que es hereditaria. Como los genetistas especifican el papel de los genes mediante la palabra programa, entonces la autonomía viviente, incluida en ella la humana, estaría programada como la de un autómata. Así genos (la organización genética) da a anthropos la autonomía con respecto a oikos (el ambiente natural), pero poniéndolo bajo su dependencia. Según esta concepción, el gen, unidad a la vez química e informacional, detenta la verdadera soberanía sobre nuestros seres

Hemos examinado en otra parte (El método 2) las formas fetichistas, racionalizadoras (delirantes) del pangenetismo que ha sustituido el imperio del medio por el imperio de los genes. Recordemos brevemente los argumentos que se oponen a esa concepción imperialista

1. Si es verdad que la autonomía del individuo en el mundo exterior procede de una autonomía genética, esta autonomía genética depende ella misma de la autonomía individual que ella produce. Como vimos (El método 2: 115 ss., y más ampliamente 101-300), la autoorganización viviente asocia en el individuo, de manera indisociable y complementaria, el genos (la especie, el patrimonio hereditario, el proceso de reproducción) y el phenon (el individuo vivo hic et nunc en un mundo de fenómenos). Su relación es en bucle recursivo, es decir, constituye un circuito generador/ regenerador donde la producción produce un producto que la produce y reproduce, donde cada término es a la vez producto y productor del otro, donde la especie produce al individuo que produce la especie: el individuo es producido por un ciclo de reproducción, el cual tiene necesidad del individuo para perpetuarse: el genos produce el phenon que produce el genos. El ADN tiene necesidad de las proteínas que él especifica y que lo especifican como especificador; la invariancia genética tiene necesidad de una actividad fenoménica siempre recomenzada. Más aún, el aparentemente todopoderoso ADN está sometido a fisuras, roturas, brechas, y es la unidad global de la organización geno-fenoménica la que permite a las proteínas con dedicación ancilar reparar, reajustar, recomponer, remendar los trozos inválidos. Y, en lo que concierne a las mutaciones del ADN en curso de reproducción, es, en el caso feliz en que la mutación provoque una cualidad nueva, la misma unidad global quien restaura su propia organización transformándola

Los engramas genéticos se transforman en programas según las necesidades y actividades. Lo que está inscrito en esos engramas es en primer lugar la formidable experiencia de nuestro linaje, de nuestra especie, de nuestro orden (primate), de nuestra clase (mamífera), de nuestro filo (vertebrado), de nuestro reino (animal), de nuestra organización (viviente). Este capital genético nos da nuestra autonomía

La unidad global se encuentra en los individuos, los cuales se encuentran recíprocamente en esta unidad global que atraviesa las generaciones. El individuo está en un todo que está en los individuos

Así los genes no son los Señores de lo viviente: son un momento en la autoorganización: en ellos están concentradas en forma de engrama la memoria y la experiencia hereditaria. Es la actividad computante propia de la autoorganización la que los transforma en programa. La auto(geno-feno)-eco-organización es señora- dependiente y produce la autonomía/dependencia del individuo que la produce

El cerebro humano es un aparato epigenético que depende del bucle geno-fenoménico (el cual, como veremos más adelante, se integra en un gran bucle ego-sociocultural donde el espíritu se forma como emergencia, sin cesar de depender del cerebro, e integra en ella este bucle). El más mínimo de nuestros pensamientos es inseparable de síntesis y transformaciones moleculares, ellas mismas inseparables de la acción de los genes presentes en las neuronas. Y es en estas múltiples dependencias como emerge la autonomía mental del ser humano, capaz de efectuar elecciones y elaborar estrategias

En lo que a la actividad cerebral del hombre concierne, lo innato y lo adquirido no se oponen absolutamente. Son también complementarios. Sólo podemos adquirir de modo autónomo porque nuestro cerebro dispone de la aptitud innata para adquirir aptitudes no innatas. Cuanto más rico en competencias es el dispositivo cerebral innato, más rica es la disponibilidad para el aprendizaje y para la realización de cualidades autónomas

Más aún: el espíritu humano ha podido, en las condiciones históricas de este fin de siglo, tomar conocimiento, control y posesión de los genes de los que depende, y ha comenzado a manipularlos para sus propios fines. Un moderno Saulo de Tarso podría exclamar: «Oh gen, ¿dónde está tu victoria?»

Detengamos este lirismo. Retengamos que sólo podemos escribir nuestros destinos obedeciendo a la inscripción genética incluida en cada una de nuestras células. Es en esta servidumbre como se forja nuestra autonomía. El individuo sufre un destino que le permite devenir autónomo

Así pues, el gen significa a la vez herencia y heredad, carga y regalo, determinación y autonomía, limitación y posibilidad, necesidad y libertad

No estamos destinados únicamente a la reproducción, estamos igualmente destinados a gozar la vida, y la reproducción misma está también destinada a producir individuos que puedan gozar de la vida. El amor y la voluptuosidad utilizan el acto reproductor para realizarse y pueden eliminar sus consecuencias reproductoras mediante coito interrumpido, preservativos, píldoras. Estamos invadidos por la sexualidad, pero la sexualidad está invadida por el goce y el amor

Cuando consideramos nuestra doble dependencia, con respecto a genos (el gen) y con respecto a oikos (el medio), podemos ver que la dependencia con respecto a genos proporciona autonomía individual con respecto a oikos, y que la dependencia con respecto a oikos alimenta esa autonomía. El cierre genético del individuo le impide ser destruido por la invasión de determinismos exteriores, y su apertura fenoménica le permite constituir y desarrollar sus prácticas autónomas

Más ampliamente, nuestra dependencia genética nos permite no sufrir totalmente los determinismos ecológicos y los determinismos culturales. Nuestra dependencia ecológica nos permite alimentar y desarrollar nuestra autonomía. La autonomía individual se forma y se mantiene a partir de estas dos dependencias que se oponen y se unen en ella

Más profunda y fundamentalmente, la autonomía del individuo vivo, y singularmente el humano, se afirma en su cualidad de sujeto. Recordemos que ser sujeto es ocupar el centro del propio mundo, es decir, el lugar egocéntrico del «para sí». La constitución misma del sujeto es dialógica, puesto que comporta al mismo tiempo un principio de exclusión (nadie puede ocupar su lugar) y un principio de inclusión (en un «nosotros» -la familia, la especie, la sociedad- y de inclusión de este «nosotros» en sí mismo), que incluye las actividades reproductoras, la inscripción hereditaria, la inserción comunitaria en el interior del sujeto. Además la autoafirmación del sujeto efectúa la apropiación egocéntrica de su inscripción hereditaria, la apropiación egocéntrica de su legado, no sólo familiar, sino, como hemos visto, antropológico, primático, mamífero, etc. Así el fatum genético se transforma en destino personal en el acto de autoafirmación del sujeto. El individuo sujeto se apropia de su genos, pero sin dejar de depender de él, pues el ocupante egocéntrico está él mismo dialógicamente ocupado por el genos. El individuo se autonomiza al apropiarse del genos al que obedece. Su dependencia hereditaria singular, sin dejar de ser dependencia, deviene fundamento de la identidad personal: nuestra herencia plural hace de nosotros individuos singulares. Nuestras vidas las vivimos resucitando los ingredientes de las vidas de nuestros antecesores. De modo que poseemos los genes que nos poseen

De ahí la paradoja: toda existencia humana es a la vez jugadora y jugada; todo individuo es una marioneta manipulada desde el interior y desde el exterior y al mismo tiempo un ser que se autoafirma en su misma calidad de sujeto

Es evidentemente mediante la consciencia como, diferenciándose de todo animal, el ser humano puede, en determinadas condiciones y ocasiones a veces decisivas, manifestar su libertad

El individuo humano, no puede ciertamente escapar a su suerte paradójica: es una pequeña partícula de vida, un momento efímero, una insignificancia, pero al mismo tiempo despliega en sí la plenitud de la realidad viviente: la existencia, el ser, las actividades, y así contiene en sí el todo de la vida sin dejar de ser una unidad elemental de la vida. Al mismo tiempo, despliega en sí la plenitud de la realidad humana, con la consciencia, el pensamiento, el amor, la amistad. Contiene en sí el todo de la humanidad, sin dejar de ser la unidad elemental de la humanidad

Y, como vamos a ver ahora, su inscripción en una cultura y una sociedad le hace sufrir una nueva dependencia, que le ofrece a la vez la posibilidad de una nueva autonomía, a veces el acceso a la libertad

El imperio sociológico y la influencia cultural

Existe en primer lugar la influencia sociocultural

La cultura de las sociedades arcaicas permitió la realización de individuos que desarrollaron una extrema agudeza de sentidos, que les permite captar como signos y mensajes los múltiples indicios y acontecimientos de su ambiente natural; individuos con aptitudes manuales politécnicas, maestros en el arte de manejar sus armas para la caza, de fabricar sus útiles y edificar su casa

Los arcaicos son seres «libres», sin Estado, pero no ciudadanos; libres pero sometidos a tabúes; libres en su medio ambiente, pero limitados a ese ambiente; adquirieron una autonomía técnica, pero no pueden desarrollar el mundo de ideas que les permita desarrollar su autonomía mental

Las sociedades históricas dotadas de Estado sojuzgan, dominan, no dan libertades a las élites sino privando de ellas a los inferiores, condenándolos a la obediencia y a la ignorancia. El Estado se inscribe como superyó en el espíritu de los individuos e instala en ellos una cámara sagrada dedicada a su devoción

Y, en todas las sociedades, la cultura se impone a los individuos. El feto sufre influencias culturales en su vida intrauterina (alimentos, sonidos, músicas) y desde su nacimiento el individuo comienza a recibir el legado cultural que asegura su formación, su orientación, su desarrollo como ser social; sufre tabúes, imperativos, normas (que se inscriben cerebralmente por estabilización selectiva de sinapsis), y en él se fijan los automatismos sociales

En todo individuo, el legado cultural se combina con su herencia biológica, determinando estimulaciones o inhibiciones que modulan la expresión de esta herencia. Así cada cultura, mediante su sistema de educación, su régimen alimentario, sus modelos de comportamiento, reprime, inhibe, favorece, estimula, sobredetermina la expresión de tal aptitud, ejerce sus efectos sobre el funcionamiento cerebral y sobre la formación del espíritu, y así interviene para co-organizar y controlar el conjunto de la personalidad

La cultura llega a inscribir en el individuo su imprinting, impronta matricial frecuentemente sin retorno que marca a los individuos en su modo de conocer y de comportarse desde la tierna infancia y que se profundiza con la educación familiar y luego escolar. El imprinting fija lo prescrito y lo prohibido, lo santificado y lo maldito, implanta las creencias, ideas, doctrinas, que disponen de la fuerza imperativa de la verdad o de la evidencia. Arraiga en el interior de los espíritus sus paradigmas, principios iniciales que comandan los esquemas y modelos explicativos, la utilización de la lógica, las teorías, pensamientos, discursos. El imprinting se acompaña de una normalización que acalla toda duda o impugnación de sus normas, verdades y tabúes. De ahí el carácter aparentemente implacable de los determinismos interiores al espíritu

Imprinting y normalización se reproducen de generación en generación: «una cultura produce modos de conocimiento entre los humanos sometidos a esa cultura, quienes, por su modo de conocimiento, reproducen la cultura que produce esos modos de conocimiento» (Las ideas: 27-28)

Así se efectúa la domesticación de los espíritus

Como, en el seno de una misma sociedad, los individuos son extremadamente diversos, genética y psicológicamente, algunos individuos llegan a mostrarse resistentes al imprinting justamente porque su individualidad se manifiesta mediante una fuerte autonomía cerebral, y serán reacios con respecto a lo que la mayor parte acepta como evidencia

El juego entre los caracteres individuales producidos por la herencia biológica y la formación de la personalidad, mediante las normas culturales, diversifica los individuos, y permite la aparición de no conformistas, incluso desviantes, que podrán escapar al imprinting y serán mentalmente autónomos

La vitalidad de la autonomía cerebral/mental es una condición de la libertad del espíritu. Son espíritus libres los que se atreven a la insumisión o la resistencia. Algunos, desde Antígona a Soljenitsin, afrontan incluso el suplicio y la muerte en su rebelión contra un Orden implacable. Pero muchos reacios secretos o potenciales desviantes no podrán manifestarse más que en condiciones de debilitamiento del imprinting y la normalización

Por lo tanto podemos concebir las condiciones socioculturales de la autonomía cognitiva y de la libertad. Son las de la alta complejidad social: las que limitan la explotación, restringen el sometimiento, permiten la autonomía física, mental y espiritual, y, cuando hay democracia, la libertad política

Esta alta complejidad está ligada a la importancia de la componente autoorganizadora espontánea de la sociedad, ella misma ligada al desarrollo de las comunicaciones, de los intercambios económicos que llevan consigo los de las ideas, al juego de los antagonismos entre intereses, pasiones y opiniones. Por lo tanto el campo de las libertades humanas crece con el crecimiento de las elecciones individuales (de mercancías, parejas, amistades, ocios, opiniones, etc.)

Los desarrollos de las pluralidades, comunicaciones, intercambios, antagonismos en los campo económico, en el campo político (democracia), en el campo de las ideas constituyen así los caldos de cultura de las libertades individuales

En estas condiciones, el sometimiento de los individuos se vuelve moderado e intermitente, las dos cámaras del espíritu se comunican, el superyó no sofoca al yo, las brechas se multiplican en el imprinting cultural y la normalización. La desviación no es ya eliminada siempre de raíz y puede desempeñar su papel innovador. Pueden propagarse ideas desconocidas, llegadas de otros lugares o de los mismos subsuelos de la sociedad

La democracia y la laicidad otorgan al ciudadano el derecho de fiscalizar sobre la ciudad y sobre el mundo. El examen y la opinión le son permitidos, y hasta demandados, sobre lo que ha dejado de ser sagrado: la conducción de los asuntos públicos y la reflexión sobre su destino. A partir de entonces, la parte autónoma del espíritu se introduce en la cámara que había sido subyugada, y, al mismo tiempo, emerge una libertad que otorga raíces mentales a las libres elecciones del ciudadano; una libertad del espíritu individual. Esta libertad es dependiente y relativa; en los espíritus sigue habiendo santuarios de lo sagrado, imprintings profundos, múltiples prejuicios, conformismos, y la normalización no cesa de rechazar las desviaciones extremas. Al menos las libertades tienen un dominio más amplio que el pequeño círculo de las decisiones de la vida privada

La vida cotidiana, al tornarse relativamente autónoma, permite expansiones personales especialmente en el amor. La adoración y el culto dedicado a las divinidades se extienden en la vida privada y se encarnan en la persona amada. Así se democratiza el complejo de amor que comporta su parte de mitología y de religión, y que poetiza las existencias individuales

Entonces, existe una vida cultural, intelectual y a veces política de carácter dialógico, fundada sobre los conflictos de ideas, el intercambio de argumentos, que comporta sus reglas de juego, que prohíben agresiones y liquidaciones físicas, y esta vida cultural nutre la autonomía del espíritu. Cuando las reglas dialógicas están inscritas en la cultura y en la política (democracia), entonces el imprinting cambia de naturaleza y prescribe la libertad. Se arraiga una tradición de espíritu escéptico y crítico

Se constituye una intelectualidad socialmente medio desarraigada y parcialmente cosmopolita, que llega a constituir el caldo de cultivo de las ideas universalistas

Y en ciertos lugares, en ciertos momentos privilegiados, hay brotes de libertad creadora en el pensamiento. Algunos individuos despliegan entonces sus aptitudes para imaginar y concebir, y, transgrediendo los imprintings, se manifiestan como descubridores, teóricos, pensadores, creadores

Ocurre incluso, en determinadas condiciones que hemos examinado (El método 4: 45 ss.), que hay quienes efectúan inmersiones radicales en los problemas impensados de las estructuras del pensamiento o de la organización de la sociedad

En fin, en las democracias, los individuos se convierten en ciudadanos relativamente libres. Están sometidos a sus deberes para poder disfrutar de sus derechos. De ahí la importancia antropológica de la democracia en el sentido de instituir posibilidades de libertad humana

Los derechos permanecen desigualmente repartidos, incluso en las sociedades democráticas de alta complejidad, y las posibilidades de libertad de movimiento, de acción, de gozos, de espíritu, están muy desigualmente repartidas...

También, en las sociedades muy complejas que comportan no obstante sojuzgamientos y sujeciones, algunos pasan a través de las mallas de la sociedad, anómicos, locos, vagabundos, hippies, buscan en el subsuelo refugio para su libertad personal, pero pierden sus libertades civiles en la exclusión. Otros, situados en la mega-máquina, practican en ella una resistencia colaboracionista, es decir, se las arreglan para que las cosas funcionen sin por ello conformarse a las instrucciones: son las astucias sociales de la libertad

Hay, pues, repitámoslo aquí, ambivalencia a la vez en la relación entre la relación sociocultural y el individuo. La cultura impone su imprinting y al mismo tiempo aporta sus habilidades, saberes y conocimientos que desarrollan la individualidad, constituye en las sociedades pluralistas un caldo de cultivo para la autonomía de las ideas y la expresión de las creencias o dudas personales. De aquí su ambivalencia radical: la cultura permite la autonomía, pero sometiéndose a sus normas. Toda cultura subyuga y emancipa, aprisiona y libera. Las culturas de las sociedades cerradas y autoritarias contribuyen fuertemente a la subyugación, las culturas de las sociedades abiertas y democráticas favorecen una pluralidad de libertades

Así la complejidad del ser social es el caldo de cultivo de la complejidad individual

La influencia de las ideas

Los individuos no se encuentran sometidos sólo por su sociedad y su cultura, están también sometidos por sus dioses y sus ideas

Como vimos (El método 4, Las ideas: 105-157) los dioses y las ideas, han surgido como ectoplasmas colectivos a partir de los espíritus humanos, han llegado a ser entidades dotadas de vida y de individualidad, son alimentados por la comunidad de sus fieles y, retroactuando sobre nuestros espíritus sin los cuales nada serían, nos someten, reinan, ordenan. Hemos secretado estos seres espirituales, pero tienen una autonomía relativa y una existencia real tanto en nuestros espíritus como en nuestras sociedades

Estamos poseídos por los dioses y las ideas en el sentido vudú y en el sentido dostoievskiano del término

Las ideas que nos poseen son ideas-fuerzas, Ideas-Mitos, es decir, de sustancia sobrehumana, cargadas de providencialismo. Véase el ímpetu de las ideas que se sirven de los humanos, los encadenan, se desencadenan y los arrastran: «Las ideas han quebrantado al siglo XX, incendiado el planeta, hecho fluir un Danubio de sangre, deportado a millones de hombres» (Tchossitch, Le temps du pouvoir, L'âge d'homme: 235)

Cuántos millones de individuos no han sido víctimas de la ilusión ideológica, creyendo obrar por la emancipación humana y obrando de hecho por su sojuzgamiento

Pero, del mismo modo que hay rupturas del imprinting, hay, y frecuentemente bajo los efectos de la experiencia vivida, fracturas de ideas, desinflamientos de ideologías. Y hemos podido ver espíritus que se liberaban, antes de recaer en otras ilusiones

No podemos prescindir de ideas maestras, de ideas-fuerzas. Pero entre estas ideas maestras e ideas-fuerzas se encuentra la idea de libertad. Y cuando estamos poseídos por ella, nos permite adquirir libertades

La libertad está en una relación dialógica con nuestras ideas, de las que somos posesos y poseedores

En fin, a tantas influencias resultantes de la sociedad y la cultura, es preciso añadir la influencia de la historia: los individuos son llevados, bamboleados en una historia que aporta sometimientos y liberaciones, que no solamente opone sino también asocia civilización y barbarie, y cuyo juego, cuya continuación... no conocen

Los caminos de la libertad

Si nos atenemos a una concepción determinista del ser humano, no hay posibilidad de libertad y ésta aparece como una pura ilusión. Si nos atenemos a una concepción espiritualista de la libertad, ella sería independiente de las condiciones físicas, biológicas, sociológicas. Nosotros hemos intentado concebir las posibilidades de libertades humanas en y por sus dependencias ecológicas, biológicas, sociales, culturales, históricas. Hemos intentado ir más allá del genetismo, del culturalismo, del sociologismo, pero integrando el gen, la cultura, la sociedad

Lo que significa en primer lugar que es necesario concebir el carácter incierto y complejo de la relación entre autonomía y dependencia. La autonomía necesita dependencias, pero las dependencias comportan servidumbres y pueden determinar sometimientos que aniquilen la autonomía

No podemos ignorar el peso trágico de las dependencias, las determinaciones, los sometimientos, las sujeciones, las posesiones

Un ser humano puede estar totalmente sometido a la necesidad de vivir para sobrevivir, es decir, trabajar sin tener asegurado el gozo de vivir, si no es por flashes, momentos privilegiados de poesía... Vivir para sobrevivir mata de raíz la libertad, y son una aplastante mayoría de los humanos los que, en la historia y hoy por doquier en el mundo, sólo han podido vivir para sobrevivir, y, en las sociedades de baja complejidad, en las peores condiciones

El nudo gordiano

Y sin embargo la autonomía humana y las posibilidades de libertad se producen, no ex nihilo, sino por y en la dependencia anterior (patrimonio hereditario), la dependencia exterior (ecológica), la dependencia superior (la cultura), que la coproducen, la permiten, la alimentan, a la vez que la limitan, la subordinan, y corren permanentemente el riesgo de someterla y destruirla

Recordemos que el individuo es un sujeto cuya sede egocéntrica incluye la inscripción genocéntrica (de la especie) y la inscripción sociocéntrica. Todo ocurre como si su cómputo/cógito obedeciese a tres soportes lógicos en uno, el del mí-yo, el de la especie, el de la sociedad. Este programa triúnico es dialógico, es decir, que sus instancias antagonistas son al mismo tiempo complementarias al permitir la autoafirmación del sujeto

Las poli-dependencias son factores de autonomía en su complementariedad y su oposición: la autonomía biológica se debe a la relación dialógica entre el individuo y su medio, la autonomía cerebral se debe a la dependencia genética, la autonomía mental se alimenta de la dependencia cultural, la autonomía del comportamiento es nutrida por la cultura que suministra las técnicas y los conocimientos que permiten actuar de modo eficaz

La mayor parte del tiempo somos máquinas aparentemente triviales, pues obedecemos simultáneamente a nuestras determinaciones ecológicas, biológicas, sociales y culturales. Pero somos de hecho máquinas no triviales, porque disponemos de un soporte polilógico, genético, cultural y egocéntrico, necesario para nuestra autoafirmación como sujetos

Las dependencias genéticas tienden a reprimir las dependencias culturales, y las dependencias culturales tienden a rechazar las dependencias genéticas; en este juego el espíritu humano formado por la cultura puede disponer de bastante autonomía cerebral para resistir a los imprintings de esa cultura

Nuestra autonomía se sitúa en un bucle y una dialógica entre los genes, el medio, el cerebro, el espíritu, la cultura, la sociedad. Estamos en relaciones antagonistas con cada una de las instancias de este bucle que tiende a destruir nuestra autonomía, pero esta relación es complementaria para instaurar esta autonomía. Estamos poseídos por y en este bucle, pero en nuestros momentos de autonomía, cuando dejamos de vivir únicamente para sobrevivir, poseemos este bucle que nos posee

E incluso en los raros momentos creadores que sobrevienen en el mundo humano, la posesión permanece en la creación aunque esta transcienda la posesión. El acto creador es a la vez autónomo y poseído

Vivimos por ello efectivamente casi como posesos. Cumplimos de manera alucinada nuestro oficio de vivir, como si efectivamente fuéramos máquinas triviales programadas desde siempre, con nuestro corazón que late automáticamente, nuestro organismo que trabaja hiper-cibernéticamente con sus miríadas de células y sus centenares de órganos, nuestro enorme ordenador viviente, cuyas operaciones inconscientes tienen nuestra consciencia a su merced. ¿En qué juego estamos? Estamos en varios juegos, jugados, juguetes, pero también somos al mismo tiempo jugadores

Y, en todo esto, interviene el azar que, incluso antes del nacimiento, repartió los genes parentales; que a partir del nacimiento interviene en forma de accidentes, muertes, experiencias singulares, encuentros; que en el interior de cada uno surge de manera inesperada en sus actos o decisiones de máquina no trivial, sobre todo en la conversión a una fe o la desconversión, con sus efectos asimismo inesperados

Así nuestras libertades dependen también del azar: pueden realizarse cogiendo el azar al vuelo, pero pueden ser abolidas por el azar. Como nuestras vidas, son tributarias de la buena y de la mala suerte

Si la libertad es elección y toda elección es aleatoria, entonces tomamos nuestras libres decisiones en la incertidumbre y el riesgo

Y he aquí la paradoja: estando insertos en procesos transindividuales, genéticos, familiares, sociales, culturales, noológicos, estando sometidos a áleas de toda clase, somos individuos relativamente autónomos, relativamente capaces de perseguir nuestros fines individuales y que disponemos eventualmente de libertades

El destino humano se conduce en zigzag, en una dialógica de azar, necesidad y autonomía. Tantos azares, tantas necesidades en una vida humana, y sin embargo hay posibilidades de autoconstrucción de su autonomía:

- a través de la integración y las lecciones de las experiencias de la vida;

- a través de la capacidad de adquirir, capitalizar, explotar la experiencia personal (ciertamente también con la posibilidad de enormes errores e ilusiones);

- a través de la capacidad de elaborar estrategias de conocimiento y de comportamiento (es decir, de plantar cara a la incertidumbre y utilizar el álea);

- a través de la capacidad de elección y de modificar la elección;

- a través de la capacidad de consciencia

La verdadera consciencia de la libertad se funda en la consciencia de la relación autonomía/dependencia, posesión/poseedor, en la consciencia de la ecología de la acción, en la voluntad de pensar de modo autónomo a pesar de puestas en el índice, anatemas y peligros

Las libertades del espíritu

El espíritu (mind) de un individuo/sujeto es la sede de la sujeción y la sede de la libertad

Cuando algunos individuos dejan de estar sujetos a las órdenes, mitos y creencias que emanan del Gran Ordenador y llegan a ser al fin sujetos de conocimiento y de reflexión, entonces comienza la libertad del espíritu

Pero el problema noológico permanece: el sometimiento por las ideas, incluidas las emancipadoras: la libertad de espíritu debe llevarse a efecto en dialógica con el mundo noológico

La libertad del espíritu es mantenida, fortalecida por:

- las curiosidades y las aperturas hacia los más allá (de lo ya dicho, conocido, enseñado, recibido);

- la capacidad de aprender pos sí mismo (autodidactismo);

- la aptitud problematizadora;

- la práctica de estrategias cognitivas (las estrategias comportan siempre un juego entre las decisiones y acciones autónomas, por un lado, y, por otro, las condiciones exteriores inciertas);

- la invención y la creación, que revelan el carácter no trivial del espíritu humano;

- la posibilidad de verificar y de eliminar el error;

- la consciencia reflexiva: la capacidad cerebral se autocomputarse es integrada, prolongada y superada por la capacidad del espíritu para autoexaminarse, y del individuo para autoconocerse, autopensarse, autojuzgarse;

- la consciencia moral

En toda sociedad, hay una minoría de espíritus reacios al imprinting y a la normalización, son desviantes potenciales y son (a veces con la suerte de un soberano también desviante) los precursores de las libertades del prójimo

Despiertos y sonámbulos

Somos autómatas, sonámbulos, posesos, pero podemos ser conscientes de nuestro sonambulismo, de nuestros automatismos, de nuestras posesiones. Somos máquinas la mayoría de la veces triviales, pero somos también sujetos conscientes capaces de autoafirmarnos y, por ello, somos también máquinas no triviales. En cierto modo, podemos tomar posesión de lo que nos posee. El bucle de doble posesión prolonga y transforma el bucle de autonomía/dependencia. La autoafirmación del sujeto se apropia de lo que lo posee sin dejar de ser poseído

Lo mismo que podemos poseer el amor que nos posee, el sujeto consciente puede poseer lo que lo posee

La consciencia, emergencia de tantas posesiones poseídas, de tantas dependencias productoras de autonomía, metapunto de vista reflexivo de sí sobre sí, metapunto de vista del conocimiento del conocimiento, es la condición de la libertad humana

La autoafirmación del sujeto (subjetiva) es el acto en el cual toma posesión de sus posesiones, el acto de apropiación de su destino. En la consciencia, se da el acto de autoafirmación del sujeto, y en el acto de autoafirmación del sujeto humano, se da el acto de autoafirmación de la consciencia

Está claro que las concepciones dominantes que ignoran al sujeto, la consciencia, la creatividad son incapaces de percibir autonomía y libertad. El sujeto está en el corazón de la autonomía humana: en él, la consciencia, la reflexividad, la existencialidad

La complejidad bio-ántropo-social es la condición de la libertad. Cuanto más grandes son las complejidades biológica, social, cultural, ideológica, tanto más grande es la parte de autonomía individual, más grandes son las posibilidades de libertad

La libertad tiene necesidad de reglas y coacciones exteriores (las leyes de la sociedad) e interiores (los imperativos morales). La libertad que se quiere suprema transgrede la ley, puede convertirse en crimen y en el límite se autodestruye como en el suicidio de Kirilov, donde la posesión total de sí se convierte en la destrucción total de sí

La libertad sin freno va hacia el crimen y, al afirmarse contra el sometimiento y la sujeción, corre riesgo de muerte. La libertad o mata, o está condenada a muerte

En democracia el pensamiento libre es una desviación frecuentemente tolerada, pero sin más, y debe con frecuencia aceptar la incomprensión y la soledad

Asumir conscientemente las tres finalidades, la del individuo/sujeto, la de la especie humana, la de la sociedad humana, es elegir el destino humano con sus antinomias y su plenitud, y es por ello afirmar al más alto nivel la libertad que es, así, puesta al servicio, no sólo de sí misma, sino también de la especie y de la sociedad

La libertad alcanza su mayor fuerza cuando está poseída por el espíritu de libertad. Su mayor capacidad para afrontar lo sagrado sólo la logra cuando ella misma es sacralizada

Notas

1. Su dependencia con respecto al ecosistema es en bucle. La biocenosis (parte viviente del ecosistema) está constituida por las interacciones entre seres vivos, y por tanto depende de los seres vivos que dependen de ella

Nota: Texto publicado en: GRASCE (Groupe de Recherche sur l'Adaptation, la Systémique et la Complexité Économique) (ed.), Entre systémique et complexité, chemin faisant... Mélanges en hommage à Jean-Louis Le Moigne, PUF, París, 1999: 157-170. Traducción de José Luis Solana Ruiz, profesor de Antropología Social de la Universidad de Jaén. Agradecemos a Edgar Morin su amabilísima autorización para traducir y publicar este texto

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¿Qué es la libertad?, Hannah Arendt

Las fuertes tendencias antipolíticas de la temprana cristiandad son tan familiares que la idea de que un pensador cristiano haya sido el primero en formular las implicaciones políticas de la antigua noción política de la libertad, nos parece casi paradójica.

La única explicación que viene a la mente, es que Agustín era romano tanto como cristiano, y que en esta parte de su trabajo formuló la experiencia política central de la Antigüedad romana, que era que, la libertad como comienzo deviene manifiesta en el acto de fundación.

Pero estoy convencida de que esta impresión se modificaría considerablemente si lo dicho por Jesús de Nazareth fuera tomado más seriamente en sus implicaciones filosóficas. Encontramos en estas partes del Nuevo Testamento una extraordinaria comprensión de la libertad, y particularmente del poder inherente a la libertad humana; pero la capacidad humana que corresponde a este poder, que —en palabras del Evangelio— es capaz de remover montañas, no es la voluntad sino la fe. El ejercicio de la fe, en realidad su producto, es lo que el Evangelio llama "milagros", una palabra con diversos significados en el Nuevo Testamento, y por lo tanto difícil de comprender. Podemos soslayar aquí las dificultades y referimos únicamente a aquellos pasajes donde los milagros son claramente, no eventos sobrenaturales, sino sólo lo que todos los milagros, aquellos protagonizados ya sea por hombres o por agentes divinos, deben ser siempre interrupciones de alguna serie natural de eventos, o de algún proceso automático, en cuyo contexto se constituyen como lo totalmente inesperado.
Carlos Marx Vida y obra - Nicolás Maquiavelo Vida y obra - La CIA Agresiones de EEUU a América latina - ¿Qué es la globalización? - ¿Qué es la Cocaína?

No hay duda de que la vida humana, situada en la Tierra, está rodeada de procesos automáticos —por los procesos naturales de la Tierra, que a su vez, están rodeados de procesos cósmicos, y hasta nosotros mismos somos conducidos por fuerzas similares en tanto somos también parte de la naturaleza orgánica. Más aún, nuestra vida política, a pesar de ser el reino de la acción, también se ubica en el seno de procesos que llamamos históricos y que tienden a convertirse en procesos tan automáticos o naturales como los procesos cósmicos, a pesar de haber sido iniciados por los hombres.

La verdad es que el automatismo es inherente a todos los procesos, más allá de su origen; ésta es la razón por la cual ningún acto singular, ningún evento singular, puede en algún momento y de una vez para siempre, liberar y salvar al hombre, o a una nación, o a la humanidad. Está en la naturaleza de los procesos automáticos a los que está sujeto el hombre, pero en y contra los cuales puede afirmarse a través de la acción, el que estos procesos sólo pueden significar la ruina para la vida humana. Una vez que los procesos producidos por el hombre, los procesos históricos, se han tornado automáticos, se vuelven no menos fatales que el proceso de la vida natural que conduce a nuestro organismo y que, en sus propios términos, esto es, biológicamente, va del ser al no- ser, desde el nacimiento a la muerte. Las ciencias históricas conocen muy bien esos casos de civilizaciones petrificadas y desesperanzadamente en declinación, donde la perdición parece predestinada como una necesidad biológica; y puesto que tales procesos históricos de estancamiento pueden perdurar y arrastrarse por siglos, éstos llegan incluso a ocupar lejos el espacio más amplio en la historia documentada; los períodos de libertad han sido siempre relativamente cortos en la historia de la humanidad.

Lo que usualmente permanece intacto en las épocas de petrificación y ruina predestinada es la facultad de la libertad en sí misma, la pura capacidad de comenzar, que anima a inspira todas las actividades humanas y constituye la fuente oculta de la producción de todas las cosas grandes y bellas.

Pero mientras este origen, permanece oculto, la libertad no es una realidad terrenalmente tangible, esto es, no es política. Es porque el origen de la libertad permanece presente aun cuando la vida política se ha petrificado y la acción política se ha hecho impotente para interrumpir estos procesos automáticos, que la libertad puede ser tan fácilmente confundida con un fenómeno esencialmente no político; en dichas circunstancias, la libertad no es experimentada como un modo de ser con su propia virtud y virtuosidad, sino como un don supremo que sólo el hombre, entre todas las criaturas de la Tierra, parece haber recibido, del cual podemos encontrar rastros y señales en casi todas sus actividades, pero que, sin embargo, se desarrolla plenamente sólo cuando la acción ha creado su propio espacio mundano, donde puede por así decir, salir de su escondite y hacer su aparición.

Cada acto, visto no desde la perspectiva del agente sino del proceso en cuyo entramado ocurre y cuyo automatismo interrumpe, es un "milagro", esto es, algo inesperado. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, se sigue que una capacidad para realizar milagros debe estar asimismo dentro del rango de las facultades humanas. Esto suena más extraño de lo que en realidad es. Está en la naturaleza de cada nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una "infinita improbabilidad", pero es precisamente esto "infinitamente improbable" lo que en realidad constituye el tejido de todo lo que llamamos real. Después de todo, nuestra existencia descansa, por así decir, en una cadena de milagros, el llegar a existir de la Tierra, el desarrollo de la vida orgánica en ella, la evolución de la humanidad a partir de las especies animales.

Desde el punto de vista de los procesos en el Universo y en la Naturaleza, y sus probabilidades estadísticamente abrumadoras, la aparición de la existencia de la Tierra a partir de los procesos cósmicos, la formación de la vida orgánica a partir de los procesos inorgánicos, la evolución del hombre, finalmente, a partir de los procesos de la vida orgánica, son todas "infinitas improbabilidades", son "milagros" en el lenguaje cotidiano. Es debido a este componente milagroso presente en la realidad que los eventos, sin importar cuan anticipados estén en el miedo o la esperanza, nos impactan con un shock de sorpresa una vez que han sucedido.

El impacto de un acontecimiento no es nunca completamente explicable, su facultad trasciende en principio toda anticipación. La experiencia que nos dice que los acontecimientos son milagros no es ni arbitraria ni sofisticada es, por el contrario, de lo más natural, en realidad, en la vida cotidiana, es casi un lugar común. Sin esta experiencia corriente, la parte asignada por la religión a los milagros sobrenaturales sería poco menos que incomprensible.

He elegido el ejemplo de los procesos naturales que son interrumpidos por el advenimiento de una "infinita improbabilidad" con el propósito de ilustrar que lo que llamamos real en la experiencia ordinaria ha en general adquirido su existencia a través de coincidencias más extrañas que la ficción. Por supuesto que este ejemplo tiene sus limitaciones y no puede ser aplicado sin más al dominio de los asuntos humanos. Sería pura superstición esperar milagros, "infinitas improbabilidades", en el contexto de procesos automáticos ya sean históricos o políticos, aunque tampoco esto puede ser nunca completamente excluido. La historia, en oposición a la naturaleza, está llena de acontecimientos; aquí el milagro del accidente y de la "infinita improbabilidad" ocurre tan frecuentemente que incluso parece completamente extraño el hecho de hablar de milagros. Pero la razón de esta frecuencia es meramente que los procesos históricos son creados y constantemente interrumpidos por la iniciativa humana, por el initium que el hombre es, en tanto es un ser que actúa. De aquí que no sea en lo más mínimo supersticioso, es más bien un precepto del realismo buscar lo imprevisible y lo impredecible, el estar preparado para el esperar "milagros" en la esfera política. Y cuanto más esté desequilibrada la balanza en favor del desastre, tanto más milagroso aparecerá el acto realizado en libertad; porque es el desastre y no su salvación, lo que siempre ocurre automáticamente y que por lo tanto siempre debe aparecer como irresistible.

Objetivamente, esto es, visto desde afuera y sin tener en cuenta que el hombre es un inicio y un iniciador, la posibilidad de que el futuro sea igual al pasado es siempre abrumadora. No tan abrumadora, por cierto, pero casi, como lo era la posibilidad de que ninguna tierra surgiera nunca de los sucesos cósmicos, de que ninguna vida se desarrollara a partir de los procesos inorgánicos y de que ningún hombre emergiera a partir de la evolución de la vida animal. La diferencia decisiva entre las "infinitas improbabilidades", sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida en la Tierra, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica es que, en el dominio de los asuntos humanos, conocemos al autor de los "milagros". Son los hombres quienes los protagonizan, los hombres quienes por haber recibido el doble don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia.

Traducción: Mara Kolesas - Revisión: Claudia Hilb

Hannah Arendt es filósofa, autora de libros "imprescindibles" como 'Los orígenes del totalitarismo".

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