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martes, 23 de enero de 2007

Introducción a la Democracia Real



















En este trabajo hablaremos de Democracia real: el pueblo tiene que poder participar opinando pero también tomando decisiones.

LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA FORMAL

El problema de la crisis de representatividad está vigente en todo el mundo. Cuando nos referimos al fracaso de la democracia formal, lo decimos siempre con la intención de que se avance hacia alternativas más participativas. En Argentina no se trata sólo de personajes corruptos sino de una crisis total de las instituciones. No es un problema de individuos, el problema es que el sistema ya no sirve.

LA DIVISIÓN DE PODERES

Los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) e incluso la prensa, todos ellos responden a un único poder absoluto: el poder económico. Este proceso por el cual el poder del dinero ha comprado a las instituciones democráticas para ponerlas a su servicio viene avanzando desde hace muchos años, hasta transformar el sistema institucional en una gran empresa con diferentes negocios. Es muy difícil encontrar gente decente en los partidos políticos tradicionales acostumbrados al poder, porque ya desde sus primeros pasos comenzaron a pervertirse y si no lo hicieron abandonaron el partido.

Hablar de división de poderes es hablar en todo caso de corporaciones dentro de una gran corporación que velan por su sector, para que nadie les birle su parte del negocio, pero nunca podemos hablar de democracia.

LA REPRESENTATIVIDAD

Se supone que los tres poderes de la democracia representan los intereses del pueblo, pero no todos son elegidos por el pueblo y los que son elegidos por el pueblo al poco tiempo son aborrecidos incluso antes de votarlos, pero siente que no tiene muchas opciones. La trampa de la democracia formal es elegir entre falsas opciones.

Una de las principales crisis del actual sistema democrático representativo consiste en que la opción para elegir está restringida por factores que el pueblo no maneja.


LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Una posible respuesta a esta paradoja de la democracia formal sería decir que si la gente participara en la democracia partidaria, tendría voz y voto en la definición de los candidatos y, por lo tanto, podría luego elegir entre mejores opciones. Mucha gente honesta ha intentado incursionar en las marañas del poder de los partidos tradicionales y ha desistido; y cuanto menos participa la gente más fácil es para los crápulas (sic) tener pista libre y convertirse en la única opción posible. Así muchos decidirán no votar con la cual se disminuye el universo de votos.

El poder económico no comienza a corromper a los funcionarios en el minuto posterior a la elección sino ya desde antes, desde el ascenso en las trenzas partidarias de los partidos tradicionales. Así, y junto con la coacción que se puede ejercer con los disidentes que quieran armar una lista opositora, se explica la desproporcionada relación de fuerzas entre un aparato ya montado y la iniciativa de un grupo que no encuentra la forma ni los recursos para llegar a darse a conocer.

LA CRISIS

Si bien el poder económico siempre estuvo cerca del poder político buscando influir, nunca como ahora el poder económico estuvo tan concentrado ni con tanto poder de presión y chantaje. Nunca como ahora atravesó las fronteras globalizando al mundo a su antojo e imponiendo sus condiciones a sangre y fuego. Como ocurre en Argentina, el poder acumulando riqueza en forma desmesurada sólo puede sostener su carrera desenfrenada con un reciente empobrecimiento de los pueblos.

El sistema intenta capitalizar la crisis de representación a su favor, potenciando el descrédito de la política desde los medios de difusión pero cuidándose muy bien de no dar espacio a las verdaderas alternativas de cambio. No nos debemos dejar engañar por los medios de comunicación pues son críticos pero sólo por el interés de reemplazar a los políticos tradicionales y funcionarios por otro tipo de cómplices del sistema y no por la organización de la gente.

Tenemos que ver qué puede hacer la gente para generar una opción articulada de poder que esté en condiciones de reemplazar al actual. Se deben resolver los problemas de representatividad.

LAS ESTRUCTURAS

En la medida en que la desestructuración avanza se agudizan las divisiones entre las cúpulas y esas fisuras pueden permitir el avance de nuevas formas organizativas por parte de la gente. Pero ante esa posibilidad, el desafío consiste en que la gente pueda conformar un nuevo tipo de estructura organizativa que permita canalizar la voluntad de las mayorías. Las asambleas vecinales deben superar la etapa del espontaneísmo y de la deliberación excesiva, pues de lo contrario será un fenómeno pasajero. Uno de los problemas a resolver es el de poder tener niveles organizativos que permitan la delegación de funciones y responsabilidades sin caer en los estamentos burocráticos proclives a la manipulación. Para evitarlo hay que llegar a un consenso

EL CONSENSO

El excesivo horizontalismo conduce a la mediocridad y el excesivo verticalismo conduce al elitismo.

Si aplicamos esto a las organizaciones sociales, podemos ver como los sistemas formalmente representativos terminan en burocracias, donde una minoría se atribuye el derecho de decidir por los demás en virtud de su mayor especialización y conocimiento para abordar temas más o menos complejos. La gente está preparada para tomar decisiones y lo que hay que buscar son mecanismos de delegación. Cualquier sistema de delegación debe prever mecanismos ágiles de revocación como condición fundamental para evitar el enquistamiento de las cúpulas. Pero se debe evitar revocar mandatos continuamente pues llevaría de nuevo a sistemas verticales más eficientes.

El consenso es el punto de equilibrio entre la horizontalidad y la verticalidad; lo importante es que exista la posibilidad de exponer ideas y puntos de vista por parte de todos, y después del intercambio la mayoría otorgue el consenso para una determinada acción y esta se ejecute.

Es importante entender que el consenso no es una “competencia de propuestas” donde cada uno va con predisposición de discutir con el otro sino con la predisposición de ponerse de acuerdo. En el consenso hay también liderazgos, lo importante es que no se dan por decreto, ni porque alguien tiene más dinero ni por que son parientes sino por mérito propio.

LA REVOCATORIA

Un avance para la democracia participativa sería la Ley de Responsabilidad Política, de modo que todo funcionario que traicione el mandato de la gente pueda ser despedido de inmediato.

LA INICIATIVA DE LA GENTE

Una cosa es garantizar que todos puedan participar y otra que todos participen.

Hay gente con vocación por la actividad social y gente más pasiva. El tema es lograr que no termine habiendo un divorcio entre los pocos activos y la mayoría pasiva sino que exista una polea de transmisión desde la mayoría más pasiva hacia los más activos y no una manipulación de los más activos.

Cuando no existe esa polea de transmisión las minorías activas se terminan aislando y justificando su lugar por la inacción de las mayorías.

LA POLEA DE TRANSMISIÓN

Las acciones de los representantes deberían girar en el sentido de la voluntad de la gente. Un institucionalista nos diría que la polea de transmisión ya existe: ya hay en los barrios centros de participación ciudadana, representantes sindicales, pero la gente siente que ninguno funciona, la gente ya no cree en las instituciones.
Cuando nos referimos a que es necesario lograr instancias de participación gradual que operen como polea de transmisión, a través del consenso, nos estamos refiriendo a una nueva sociedad que hay que construir. Y esta nueva sociedad debe partir de nuevos valores, de la solidaridad, la honestidad, la coherencia.

La falta de un modelo a veces hace que mecánicamente tendamos a adoptar formas viejas y entonces quedamos atrapados y nos frustramos.

LA ACCIÓN DE FORMA Y LOS EMPLAZAMIENTOS

Abundan los ejemplos en la vida cotidiana acerca de cómo puede variar la conducta de las personas según sean las situaciones en que se insertan, la forma en que están planteadas las relaciones y el emplazamiento que cada cuál tiene.

¿QUÉ QUEREMOS DECIR CON ESTO?

Hay formas organizativas, sistemas de relaciones y modos de emplazarse que pueden favorecer cierto tipo de conducta, aunque en última instancia uno siempre puede elegir lo que hace.

Una suma de conductas inadecuadas, aunque no parezcan graves individualmente puede tener consecuencias sociales importantes. Toda una secuencia de pequeñas acciones realizadas por diversos actores individuales puede terminar en la violación de un derecho humano y cada eslabón no sentirse responsable del resultado final. Esto mismo ocurre con el mal funcionamiento de una organización: si las formas, los procedimientos y los emplazamientos no son los que facilitan el accionar individual que interrelacionado con otros conduzca al objetivo deseado es muy probable que fracase.

El poder tiene que estar en manos de gente organizada en una democracia real y por tanto hay que atender a las formas organizativas que faciliten y potencien las virtudes de la buena gente y no lo peor de cada uno.

La organización política debería tener algún tipo de organización que potencie las buenas intenciones de sus integrantes.

EL AUTOBÚS Y LA CANOA


El autor propone una parábola comparando la conducción de un autobús con una canoa; en el autobús, a pesar de intentar buscar diferentes formas de conducción (organización) sólo puede manejar el volante uno (el sistema es el que es y no se pude cambiar a pesar de las buenas intenciones); la canoa, en cambio, que puede ser conducida por varios a la vez, es más, es necesario que reme más de uno. Esta parábola le sirve para ilustrar un fenómeno actual: la gran mayoría de las personas sienten que la forma de organizarse de la sociedad ya no da para más, que las dirigencias persiguen su propio interés y no representan el interés de la gente, en otras palabras, las viejas instituciones decadentes le quedan demasiado chicas a un ser humano que ha evolucionado. Pero el problema a resolver es que a la hora de organizarse entre la gente para intentar reemplazar las organizaciones obsoletas, creyendo que el único problema eran las personas y resulta que las viejas formas condicionan también comportamientos negativos aunque la gente sea positiva.

LAS NUEVAS FORMAS DE ORGANIZACIÓN PARA UNA DEMOCRACIA REAL


Plantear una nueva forma organizativa; para la creación de una nueva organización son necesarias las ideas, el intercambio, la experiencia, la evaluación, las nuevas ideas y las correcciones.

LA VIABILIDAD DE LA PARTICIPACIÓN

Para que la gente quiera participar se debe lograr que la opinión de la gente sea vinculante con las decisiones de los representantes. La gente tiene que tener siempre la libertad de reunirse y debatir cuando quiera y donde quiera, como de hecho ocurre y sin necesidad de ningún enmarque. Para que la opinión de la gente sea vinculante con las decisiones de los representantes, y en este sentido sí son necesarios los enmarques, que en la medida que tengan consenso serán normativas.

NIVELES (cada punto es un nivel):


Cualquier persona puede participar en cualquier nivel
· Nivel mínimo: sufragio en las elecciones
· Participación en consultas populares vinculantes para opinar sobre decisiones de interés general
· Participación en asambleas extraordinarias ocasionales para el tratamiento de temas que deben debatirse antes de pasar a la consulta popular
· Participación en Asambleas o Foros periódicos (semanales o mensuales)
· Instancias de representación, desde los primeros delegados hasta llegar al presidente, pasando por los cargos intermedios.


LUGARES


Para que la posibilidad de participación aumente habrá que prever ámbitos de participación arraigados, tanto en los barrios como en los lugares de trabajo y de estudio.

FRECUENCIAS

Debe ser viable, que no lleve a la saturación. Debe primar el sentido común, ya que si para cada pequeña decisión que debe tomar un representante a quien se le delegó una función hay que hacer una consulta, entonces pierde sentido la delegación de mandato que se hizo y hace inviable la toma de decisiones.

ÁREAS TEMÁTICAS

La apertura del intercambio de opiniones por áreas de interés mejora la participación y agiliza la operatoria. Cualquier decisión en un foro temático que afecte a personas que no participan, deberá ser consultada en el ámbito general

LA PARTICIPACIÓN VINCULANTE

Deberá haber instancias de intercambio en todos los niveles, y cuando se agote su tratamiento hay que decidir. El que decide es el pueblo (y no en asuntos secundarios sino en los grandes temas) y el representante los ejecuta
Es importante entender ese concepto y no caer en las redes de los seudo-progresistas que pretenden distraer a la gente dándole la posibilidad de participar de lo inocuo para distraer los intereses.

LA GENTE DEBE DECIDIR EN TODO


Se debe participar en el 100%, hay que debatir los grandes temas “El pueblo delibera y se gobierna y luego implementa a través de sus representantes”. Debería establecer una nueva constitución para una democracia.

LOS VOLUNTARIOS

La mejor gente son los voluntarios; su contrapartida son los que se mueven sólo por intereses monetarios. Los voluntarios son los más adecuados para poner en marcha esta nueva organización social emergente desde la base social. Pero deberán ser remunerados con dietas y salarios razonables y acordes con lo que ganan los trabajadores. Como hay diversidad de opiniones, también deberá de haber diversidad de organizaciones y puntos de vista para evitar las hegemonías

LAS ORGANIZACIONES POLÍTICAS

Preferimos hablar de organizaciones políticas en general y no de partidos ya que en el futuro puede que no sólo los partidos (como ocurre ahora) puedan llevar representantes a una elección.

Para que las organizaciones políticas contribuyan a una democracia real deberían abrir la participación y establecer mecanismos de democracia directa en su propio seno.

La forma organizativa debe ser abierta a la participación, evitar los manejos de las cúpulas, pero, claro, no se puede estar en asambleas todo el tiempo, con lo cual hay que delegar.

Todos los mecanismos de consenso y toma de decisiones descritos para la democracia directa y participativa deberían funcionar en los partidos y organizaciones políticas y también en los sindicatos y organizaciones sociales.

UN NUEVO CONCEPTO DE PODER

El rechazo de la palabra poder viene de su asociación con coacción, opresión, etc. La oposición a esta imagen de poder sería la ausencia de todo poder, pero es imposible organizar una sociedad sin reglas que desembocaría en el caos. El poder es, por tanto, un mal necesario.

Un concepto que puede servir es el de referencias sociales, como una suerte de liderazgos ejercidos por determinadas personas sobre la base de sus acciones, conocimientos o mejor criterio, etc. Estas referencias sociales operan tanto en pequeños grupos como en grandes y sólo pueden serlo si las demás personas así lo sienten.

Tampoco hay que caer en el horizontalismo absoluto que parte de la premisa “todos tienen derecho a expresarse” y esto está muy bien, pero no se contempla otra parte de los derechos: ”todos tiene derecho a escuchar a quien quieren y no tienen obligación de escuchar a todos y cada uno de los que quieran opinar”, se puede ser autoritario en la verticalidad pero también en la horizontalidad (autoritarismo horizontalista)

VOCACIÓN DE PODER

La gente debe ejercer su poder soberano y para ello hace falta una organización que funcione como polea de transmisión de la voluntad general hacia el representante que ejecuta, pero además de la organización debe existir en la gente la vocación por ejercer su poder legítimo.

El ser humano actual no necesita amos, sólo necesita oportunidad de ejercer su libertad de opción y decidir su destino

LA UNIÓN DE LOS SECTORES PROGRESISTAS

Hay quienes creen que la toma del poder real pasa por la toma del poder político, y con tal creencia suponen que una alianza electoral de sectores progresistas por sí sola nos llevará a la revolución. Desde luego que tal opinión es bien intencionada, pero hay otras cosas a tener en cuenta. El poder real en la actualidad lo detentan quienes concentran el poder económico en el mundo, y tienen miles de recursos para frustrar una revolución que no tenga bases sólidas

Es primero en la base donde se debe dar la unidad. Para ello debe haber unidad en acciones conjuntas mientras se llega al consenso de un proyecto común. Porque si en el momento en que se tome el poder no existe un fuerte tejido social el poder económico a través del chantaje y la generación de focos de violencia se hará con el poder.

La unión de las fuerzas progresistas no puede limitarse a una mera alianza electoral que se desarme ante el primer desacuerdo. Hay que construir la unión en la base y con toda la gente, lo más rápido posible pero sin saltarse ningún paso.

ALGUNAS HERRAMIENTAS ORGANIZATIVAS

· Fomentar la organización de grupos arraigados sobre la base de temas de interés común; que no sean mayores de 30 personas y con división de funciones
· Converger en foros temáticos entre diversos grupos, para acciones conjuntas y debate
· Convergencia en Asambleas Vecinales de todos los vecinos que quieran participar. Exponer, intercambiar, consensuar
· Conformar foros temáticos por ciudad, con asistencia de representantes de cada grupo de base que esté trabajando en el tema respectivo
· Realizar consultas populares para que la gente que no participa en asambleas ni foros pueda opinar
· Poner en marcha medios de difusión propios tales como programas de radio.
· Proyectar suficientes grupos de trabajo para asegurar que se pueda llegar a todos los vecinos. No hay que esperar a que la gente venga, hay que ir hacia ella.
· Conformar planteles profesionales que trabajen en la elaboración de propuestas específicas para implementar en cada municipio
· Fomentar la circulación de información, propuestas y puntos de vista por toda la red de la organización social.

Guillermo Sulling

domingo, 26 de noviembre de 2006

Totalitarismo y Estado de Excepción Permanente

I.- Sobre el Ur-Fascismo
Sería absolutamente bizarro, casi de ciencia ficción, poder observar actualmente un totalitarismo puro, como bien han señalado Federico Welsch en su ponencia de ayer y Fernando Mires en la que se ha leído hace poco.
Históricamente, los sistemas más cercanos al totalitarismo que hemos podido observar y reseñar debidamente fueron la Alemania nazi y la Unión Soviética de Stalin. Actualmente los sistemas totalitarios son aves raras que no se dejan observar y que parecieran en peligro de extinción, afortunadamente....


Pero para los demócratas del siglo XXI, el hecho de que un régimen real no sea un totalitarismo puro no basta. Que en una sociedad se detecten dos o tres características que puedan describirse como tendientes al totalitarismo es razón más que suficiente para encender las señales de alarma.

Umberto Eco, en su texto Fascismo Eterno, dice que con el fascismo –y aquí yo diré ‘con las tendencias al totalitarismo’- ocurre como con los juegos: un juego puede implicar apuestas, otro, puede implicar competitividad, otro puede implicar dos o más jugadores, o un jugador en solitario. Pero al ver a un individuo o a un grupo de individuos practicando este tipo de actividades, enseguida todos entendemos que se trata de un juego, percibimos un aire de familia, independientemente de que las formas y reglas varíen notablemente de uno a otro. Al ver cosas tan distintas como un partido de ping-pong, uno de béisbol, uno de fútbol o uno de naipes, todos sabemos que se trata de un juego.

Eco dice que bastan 3 ó 4 características para que un régimen sea percibido como proto-fascista, como Ur-fascista. No tienen que ser 14 ó 20: no tienen que ser obligatoriamente determinadas características, la 1, la 3 ó la 7 de una lista o baremo que uno siga cual detective democrático: puede tratarse de dos regímenes que tienen –el primero- las características a, b y c, y el segundo las características f, g y h: ello quiere decir que no comparten características comunes, pero sin embargo, podemos percibir, por una especie de transitividad invisible, que esos dos regímenes, tan diferentes, son Ur-fascistas.

Eco menciona 14 características: yo, por razones de tiempo, resumiré 7.

1.- El culto a la tradición. Cuando veamos un régimen que empieza a revivir el panteón de los héroes y semidioses de la historia patria para aplicarlos en la política ordinaria del día a día, hasta para comprar víveres, empieza a oler a tendencias totalitarias, a Ur.Fascismo.

2.- No se acepta el pensamiento crítico, porque éste opera mediante distinciones y matices. Nótese que para la comunidad científica el desacuerdo y el debate son instrumentos para el progreso del conocimiento. Pero para el Ur.Fascismo todo desacuerdo es traición.

3.- A los que carecen de una identidad cultural cualquiera, el Ur.Fascismo les dice que su privilegio es el más vulgar de todos: haber nacido en el mismo país. Por esto, quienes mejor ofrecen identidad a la nación son los enemigos: y a ello se debe que en la raíz psicológica del Ur.Fascismo está la obsesión por el complot, posiblemente internacional como bien ha señalado el profesor Hugo Pérez en su ensayo sobre la teoría de la conspiración en manos de gobiernos autoritarios. Todo eso porque los secuaces deben sentirse asediados por poderosos enemigos externos. Y la manera más fácil de hacer que asome un complot es la xenofobia o el imperialismo.

4.- Los secuaces deben sentirse humillados por la riqueza ostentada y por la fuerza de los enemigos. Pese a todo, los secuaces deben estar convencidos de que pueden derrotar a los enemigos. Los enemigos son simultáneamente demasiado fuertes y demasiado débiles. Los fascismos están condenados a perder las guerras porque no son capaces de valorar con objetividad la fuerza del enemigo.

5.- Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida sino ‘vida para la lucha’. El pacifismo es pactar con el enemigo. El pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente.

6.- Cada uno está educado para convertirse en un héroe. En la mitología, los héroes son seres excepcionales: pero en el Ur-Fascismo el heroísmo es la norma de vida cotidiana. Esto conlleva a un culto por la muerte. El Ur-Fascista está impaciente por morir y convertirse en un héroe: pero en su impaciencia más a menudo consigue hacer que mueran los demás.

7.- El Ur-Fascismo habla una ‘neolengua’, crea su propio registro, su propio léxico, su propio juego de lenguaje, y cambia las palabras, los nombre de las cosas, cambia los símbolos históricos, para que estos signos pierdan su conexión con el pasado, con otros registros y lenguajes, de manera que se terminen pensando de una manera única: los oponentes son despojados de sus palabras, de su identidad, y se les exhorta a que se sumen a la nueva identidad, a la neo-lengua, so pena de ser molidos por el trapiche de la historia, como dice mi amigo Fausto Masó.

Siguiendo a Eco, si en una sociedad encontramos al menos 3 de estas características ó 3 de las siete restantes, ya no huele, sino que apesta a Ur-Fascismo.

Hay diversos mecanismos para tratar de implementar estos mecanismos totalitarios en una sociedad, ampliamente reseñados por los estudios históricos y políticos. Yo me referiré aquí al estado de excepción permanente.

II.- Sobre el estado de excepción

En su libro Homo sacer: El poder soberano y la nuda vida I3 –y siguiendo la idea de Karl Schmitt de que soberano es aquel que puede decretar el estado de excepción- Giorgio Agamben ha señalado que el estado de excepción se ha convertido en la condición permanente de la política actual.

La teoría política clásica señala que uno de los orígenes del estado de excepción se encuentra en la figura romana del dictador, que ejercía poderes casi ilimitados durante un lapso que el senado considerara suficiente para superar el estado de necesidad o calamidad que motivaba la solicitud a un ciudadano notable para que asumiera tal magistratura.

Otro límite impuesto a esa magistratura era que el dictador no podía modificar las leyes fundamentales, puesto que no ejercía un poder soberano originario sino uno delegado por el senado.

Estos dos límites –lapso prefijado e imposibilidad de modificar la Constitución- son, junto con la inviolabilidad de los derechos humanos, características habituales de los actuales estados de excepción, de sitio o de conmoción, que están tutelados en la mayoría de las Constituciones democráticas del mundo.

Caso paradigmático en el estudio Agamben es la suspensión indefinida de la Constitución de Weimar por Hitler en el momento en que asumió la Cancillería. Hitler usó el estado de excepción permanente para legitimar una serie de medidas –entre ellas la llamada solución final de los campos de concentración- que acaso no hubiera podido ejecutar tan expeditamente sin los poderes plenos de la excepción, que lo liberaban de los límites impuestos en la política ordinaria por las garantías constitucionales.

En América Latina hemos presenciado re-ediciones de esa estrategia: tiranías que persiguieron, torturaron y desaparecieron a sus opositores utilizando un estado de excepción permanente que justificaban aduciendo una amenaza comunista externa o un peligro subversivo interno.

Agamben recurre en primer lugar a Walter Benjamin, quien señala que: “el estado de excepción (...) se ha convertido en regla...” 4También a Tingsten, en un estudio que este autor elabora sobre el problema. Dice Tingsten:

El ejercicio regular y sistemático de la institución (el estado de excepción), conduce necesariamente a la liquidación de la democracia (...) La Primera Guerra Mundial –y los años subsiguientes- aparecen desde esta perspectiva como el laboratorio donde se han experimentado y puesto a punto los dispositivos funcionales del estado de excepción como paradigma de gobierno.5

Otro autor al que recurre Agamben es Rossiter, para sugerir la conversión de lo excepcional en permanente:

Los instrumentos de gobierno que se han descrito aquí como dispositivos temporales de crisis se han convertido en algunos países, y pueden convertirse en todos, en instituciones duraderas incluso en tiempo de paz.6

Su ejemplo más reciente –que le ha valido gran notoriedad a Agamben- es la afirmación de que el campo de detenidos de Guantánamo es una manifestación del campo de concentración, del lager, y que allí se espacializa la condición permanente del estado de excepción. Dice Agamben en una página que le ha dado la vuelta al mundo:

El significado inmediatamente biopolítico del estado de excepción como estructura original en que el derecho incluye en sí al ser viviente por medio de su propia suspensión se manifiesta con claridad en la military order promulgada por el Presidente de los Estados Unidos el 13 de noviembre de 2001, que autoriza la indefinite detention y el procesamiento por military commissions (que no hay que confundir con los tribunales militares previstos por el derecho de guerra) de los no-ciudadanos sospechosos de estar implicados en actividades terroristas Ya el USA Patriot Act, acordada por el senado el 26 de octubre de 2001, faculta al Attorney General “para someter a detención” al extranjero (alien) sospechoso de realizar actividades que se suponga son un peligro para la “la seguridad nacional de los Estados Unidos”; pero en un plazo de siete días debía ser expulsado o bien acusado de violación de las leyes de emigración o de cualquier otro delito.7

Agamben argumenta que Guantánamo adquiere la condición de lager en el momento en que los allí detenidos no son considerados como combatientes de guerra (pues en tal caso los protegerían las Convenciones de Ginebra sobre prisioneros de guerra) y tampoco son aliens detenidos en territorio de USA, porque si lo fueran podrían recurrir a la disposición del General Attorney para ser enjuiciados por algún delito o deportados a sus países de origen.

Esta suspensión permanente del orden jurídico (derechos y garantías constitucionales de los detenidos) argumentando la lucha contra el terrorismo constituye un estado de excepción que ya se prolonga durante años.

A partir de esta denuncia emerge una pregunta importante: ¿existe el riesgo de que una nación tan poderosa como los Estados Unidos vea disminuidas sus libertades –y que además lesione las del resto del mundo- debido a la implementación de medidas excepcionales que se pretenden justificar en la lucha contra el terrorismo pero que pueden ser zarpazos autoritarios de una administración inescrupulosa?

Lo denunciado por Agamben es parcialmente cierto y éticamente censurable, pero pienso que Guantánamo no es homologable con Auschwitz. La amenaza a la libertad, que es real, ha generado resistencias y respuestas oportunas y efectivas.

Afortunadamente para el mundo, la administración Bush no controla totalitariamente ni las instituciones ni la vida civil de los Estados Unidos. Una executive order (decreto presidencial) o una military order tienen que pasar por el control del senado, que las ratifica o deroga. En este caso, el legislativo puede impedir que el Presidente se abrogue un poder excepcional en detrimento de las libertades, de acuerdo a las previsiones de la Constitución.

Pero supongamos teóricamente que –burlando al senado- Bush intenta mantener un estado de excepción permanente. Su intento, sin embargo, tendría otro límite: el tiempo. Le quedan dos años en la Presidencia, y en las situaciones más calamitosas de la historia de los Estados Unidos –sea la Guerra de Secesión o las Guerras Mundiales- esa nación ha realizado las elecciones presidenciales en el momento en que correspondía.

Durante más de 200 años el pueblo norteamericano nunca ha sido privado del derecho de elegir un nuevo Presidente al concluir el lapso del saliente, independientemente de que ciertos grupos –aborígenes, mujeres y negros- hayan sido mantenidos fuera de la categoría de pueblo durante muchos años.

Agamben, citando a Friedrich, ofrece otra vacuna para prevenir la conversión del estado de excepción en estado permanente de la política:

No hay ninguna salvaguardia institucional capaz de garantizar que los poderes de emergencia sean efectivamente utilizados con el objetivo de salvar la constitución. Sólo la determinación del propio pueblo para comprobar que sean utilizados con este objetivo puede garantizar eso.8

Me parece que la prescripción de Friedrich se ha cumplido: una sociedad civil altamente organizada está movilizada para impedir que medidas excepcionales del tipo Patriot Act sean utilizados para objetivos diferentes a los de preservar la seguridad de la nación y salvaguardar la Constitución. También hay una reacción política del pueblo norteamericano en el momento en que el Partido Demócrata le ha ganado la mayoría en la cámara baja y el senado (51 a 49 en el caso de la cámara alta) al gobierno republicano de Bush en las recientes elecciones parlamentarias del mid-term. Ello ha hecho que el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld haya tenido que renunciar ayer.

Y en países como el nuestro, se observa una movilización tanto de las fuerzas políticas como de la sociedad civil –ustedes y nosotros somos una muestra de ello- en lucha por preservar formas de ejercicio de la democracia que han costado muchos años, mucho esfuerzo y muchas vidas.

III.- Sobre la democracia directa y el momento constituyente perpetuo

Constantemente, podemos percibir que se pronuncian discursos en los que se enfatiza una oposición –falsa por supuesto- entre la llamada ‘democracia representativa burguesa’ y la llamada ‘democracia participativa, protagónica y directa’.

Pero quienes defienden la democracia directa y además de corte marxista, seguramente han olvidado lo que dijo Marx acerca de su modelo democrático, un modelo que le da todo el poder a los comités, tomado de la Comuna de París, y que de hecho confunde –o funde- el poder soberano constituyente originario con los poderes delegados de una asamblea.

¿Cuál es el riesgo de una indistinción entre el poder constituyente y el poder soberano si en la teoría y en la praxis están fundidos como en una aleación? ¿Cómo y para qué diferenciarlos? ¿Y qué riesgo puede implicar la permanencia del poder constituyente en el poder constituido?

El riesgo de una indistinción entre el poder constituyente y el poder soberano y de la permanencia del poder constituyente en el poder constituido es que los comités –o un líder carismático revolucionario- pueden –usando tal poder soberano en sus manos- instaurar una constituyente permanente, de manera que refundar el Estado o la revolución se conviertan en una labor sin fin, en un eterno Work in progress.

Creo que Agamben quiere distinguir el poder constituyente del poder soberano para evitar que el depositario legítimo de la soberanía –el pueblo- sea engañado por demagogos carismáticos que hipostasien su persona individual con el colectivo, usurpando así la soberanía para sus proyectos tiránicos.

Revisemos el modelo de Marx para explicar los temores que creo compartir con Agamben:

La Comuna estaba formada por concejales municipales, elegidos por sufragio universal en los distintos distritos electorales de la ciudad, responsables y revocables en mandatos cortos. La mayoría de sus miembros eran naturalmente hombres trabajadores, o representantes reconocidos de la clase trabajadora. La Comuna era un cuerpo obrero, no parlamentario, ejecutivo y legislativo al mismo tiempo. En lugar de continuar siendo el agente del gobierno central, la policía fue despojada de sus atributos políticos y convertida en un agente de la Comuna responsable y en todo momento revocable. Lo mismo ocurrió con los funcionarios de todas las otras ramas de la administración. Desde los miembros de la Comuna hacia abajo, todo el servicio público debía hacerse con salario de trabajadores. (...) No sólo la administración municipal sino el conjunto de iniciativas hasta entonces ejercidas por el estado pasaron a manos de la Comuna. (…) Al igual que el resto de los funcionarios, los magistrados y los jueces serían elegidos, responsables y revocables. (…) Las comunas rurales de cada distrito debían administrar sus asuntos comunes mediante una asamblea de delegados en la ciudad principal, y estas asambleas de distrito debían mandar a su vez a sus diputados a una Delegación Nacional en París, siendo cada miembro revocable en cualquier momento por mandato imperativo de sus electores.9

Esta facultad revocatoria permanente de los comités sobre cualquier legislación, institución o funcionario, genera un momento constituyente perpetuo: estamos ante una variante –atroz- del estado de excepción convertido en política ordinaria. Porque la Constituyente suspende las leyes, los derechos, y si se hace una constituyente a cada rato, o una asamblea dominada por un gobierno forajido cambia las leyes a cada rato, esto deja a los ciudadanos desnudos, a-bando, como dice Agamben. Desprotegidos, segregados si no pertenecen al clan de los Ur-Fascistas, los ciudadanos pueden ser objeto de cualquier vejamen, se les puede tomar la vida sin temor a represalias legales, tal y como los espartanos podían cazar ilotas en Peloponeso sin temor, o como los ingleses podían cazar maoríes en Nueva Zelanda.

Despojados de sus rasgos y derechos humanos, de sus palabras, de su identidad, los disidente acorralados pueden exclamar como Caín: ‘Quien me halle que me mate’.

Lo que estoy diciendo es que en el caso de Marx los comités pueden decidir en cualquier momento qué cambios constitucionales se requieren para readaptar las instituciones al proyecto revolucionario, de acuerdo con las instrucciones de la asamblea… o de un líder carismático que hipostasie su persona individual con el colectivo, es decir, que los convenza de que él es el pueblo.

En las actuales condiciones de la política global –debido a la observación internacional- es cada vez más difícil implementar sin vetos, bloqueos y otras sanciones, un estado de excepción permanente de viejo cuño.

Pero, como hemos señalado en otras lecturas, algunos gobernantes autoritarios actuales han aprendido a utilizar los propios mecanismos de elección –y los de control o accountability- para legitimar y prolongar su poder tiránico, sin llegar ser intervenidos por los organismos internacionales debido a la aparente ‘legalidad’ de sus actuaciones.

Estos autoritarismos que aspiran a ser ‘invisibles’ han prosperado en democracias debilitadas por la corrupción, la división y polarización interna, la decadencia de los partidos políticos y la abulia de la sociedad civil traducida en tendencias electorales abstencionistas. A todo esto se suele añadir la existencia de una oposición desleal10 que para derrotar al gobierno a toda costa no duda en aliarse con factores antidemocráticos en busca de triunfos momentáneos, sin darse cuenta de que con su oportunismo están contribuyendo con el hundimiento de la democracia, una calamidad de la cual ellos también terminan víctimas a mediano plazo, como ha señalado claramente Juan Linz en su libro El quiebre de las democracias.

Los líderes de tipo carismático que aquí señalamos, una vez en el poder, pueden iniciar una paulatina toma de los poderes institucionales, toma que en primer lugar puede apuntar a los órganos de la política ordinaria, pero que en segunda instancia puede estar enfilada hacia las leyes fundamentales, buscando modificarlas para reforzar su poder autoritario y usando para ello instrumentos que en teoría son democráticos y legítimos como los referendos y las constituyentes.

Ya controlados los poderes institucionales, sobre todo el sistema electoral, con una oposición asfixiada por sus propias contradicciones, con una ciudadanía deprimida, desconfiada y abstencionista, toda nueva consulta electoral –que teóricamente debería servir para oxigenar y democratizar el sistema- puede contribuir a lo contrario, a asfixiar la democracia y fortalecer el proyecto autoritario, el Ur-Fascismo.

Debido al uso perverso de las nuevas tecnologías y la informática, los vicios y fraudes electorales cada día son más difíciles de probar en los países que usan sistemas automatizados de votación y conteo, sistemas que –no por casualidad- son los que prefieren estos autoritarismos que pretenden pasar como ‘invisibles’ ante los radares de los organismos observadores internacionales y locales.

Con estos fabulosos recursos a su entera disposición ¿qué miedo puede tener el líder carismático de contarse, de someter sus propuestas a referéndum o de convocar al poder constituyente cuando requiera ajustar a su nueva talla el sistema político y la constitución?

En el momento en que el líder note que la oposición se le acerca peligrosamente, puede convocar al poder constituyente para cambiar las reglas de juego y así garantizar su permanencia en el poder. Es como si a la mitad de un partido de béisbol usted dijera: “¡Ah. No! Pero ahora tú para sacarme el inning tienes que hacerme cinco outs en vez de tres.”

Sabiendo que va a ganar cualquier elección, puede cambiar el nombre de la república, de los meses del año (Thermidor, Brumario, en vez de Enero, Agosto…) el régimen político, el sistema de producción económica, el régimen de propiedad privada, puede cambiar las reglas de mayoría en el Congreso –reglas vitales para promulgar y modificar Leyes Orgánicas y para nombrar altos cargos- o puede prolongar su mandato de por vida.

En el momento en que trataba de concluir este texto, me he quedado en blanco, algo que les aseguro que no me sucede nunca, porque como no confío en las musas siempre llevo un esquema claro de lo que voy a escribir en cada ensayo o lectura. Por lo cual debo declarar que este es un texto sin final, sin conclusión.

Una interpretación benévola de mi incapacidad puede ser el siguiente argumento: no podemos darle un final todavía a este ensayo por la sencilla razón de que la historia que aquí se cuenta no ha concluido, porque el tema está en pleno desarrollo y es un work in porogress, cuyo desenlace ha de ser escrito mediante actos, mediante acciones, por los ciudadanos de este país tanto en las elecciones como en los días, meses, años subsiguientes, pero sobre todo mediante los actos subsiguientes de que seamos capaces.

Por ahora, sirva esta modesta lectura como una simple advertencia de los riesgos que corremos.

1 Este ensayo fue leído en el marco de las III Jornadas de Reflexión Política de la UCAB, dedicadas al tema ‘Totalitarismos de Izquierda y Derecha en el Siglo XXI’ realizadas en el campus de Montalbán el 8 y 9 de Noviembre de 2006.

2 Oscar Reyes es profesor de Filosofía Política en la UCAB, asesor de la oficina de la diputada Marisa Bafile ante la cámara de Diputados del Parlamento Italiano e integrante del Observatorio Antitotalitario Hannah Arendt.

3 Giorgio Agamben: Homo sacer: El poder soberano y la nuda vida I, Pre-textos, primera reimpresión, Valencia, España, noviembre de 2003.

4 Citado por Agamben: Estado de excepción... p. 17 5 Citado por Agamben: Ibid. p. 18.

6 Citado por Agamben, Ibid., p. 20. las cursivas son mías.

7 Agamben, Ibid. P. 12. La cursiva en biopolítico es nuestra.

8 Friedrich, citado por Agamben, Estado de excepción... p. 19.

9 Mis ideas sobre el modelo de democracia marxista provienen de Norberto Bobbio en Ni con Marx ni contra Marx y El Futuro de la Democracia –ambos publicados por el Fondo de Cultura Económica- así como de David Held en Modelos de Democracia (Alianza Editorial, Madrid, 2001) quien en las páginas 165-167 me recordó este largo y esclarecedor pasaje de La guerra civil en Francia de Marx.

10 Por supuesto que esta terminología procede del libro canónico de Juan Linz La caída de las democracias, aunque también me he servido de algunas ideas de Samuel Huntington en El orden político en las sociedades en cambio, de O´Donnell en Accountability Horizontal y, más recientemente, de Fareed Zakaria en El futuro de la libertad.

Oscar Reyes (oreyes@ucab.edu.ve),
Analítica.com - Venezuela (20/XI/06)