jueves, 29 de noviembre de 2007

Ilya Prigogine: "El desorden creador"

Las opiniones sobre la noción de tiempo son, frecuentemente, variadas y contradictorias. Un físico dirá que ha sido introducida por Newton y que el problema que esa noción plantea ha sido globalmente resuelto. Los filósofos piensan de manera muy diferente: relacionan el tiempo con otras nociones, como el devenir y la irreversibilidad. Para ellos, el tiempo sigue siendo una interrogación fundamental.

Me parece que esta divergencia de puntos de vista es la cesura más neta dentro de la tradición intelectual occidental. Por un lado, el pensamiento occidental ha dado nacimiento a la ciencia y, por consiguiente, al determinismo; por otro lado, este mismo pensamiento ha aportado el humanismo, que nos remite, más bien, hacia las ideas de responsabilidad y creatividad.

Filósofos como Bergson o Heidegger han planteado que el tiempo no incumbe a la física, sino a la metafísica. Para ellos, el tiempo pertenece claramente a un registro diferente, sobre el que la ciencia no tiene nada que decir. Pero estos pensadores disponían de menos herramientas teóricas de las que tenemos hoy.

Personalmente, considero que el tiempo brota de lo complejo. Un ladrillo del paleolítico y un ladrillo del siglo XIX son idénticos, pero las edificaciones de las que formaban parte no tienen nada en común: para ver aparecer el tiempo hay que tomar en consideración el todo.


El no-equilibrio, fuente de estructura

Los trabajos que he realizado hace una treintena de años han demstrado que el no-equilibrio es generador de tiempo, de irreversibilidad y construcción. Hasta entonces, durante el siglo XIX y gran parte del XX, los científicos se habían interesado, sobre todo, en los estados de equilibrio. Después han comenzado ha estudiar los estados cercanos al equilibrio. Así, han evídenciado el hecho de que, desde el momento en que se produce un pequeño alejamiento del equilibrio termodinámico, se observa la coexistencia de fenómenos de orden y fenómenos de desorden. No se puede, por tanto, identificar irreversibilidad y desorden.

El alejamiento del equilibrio nos reserva sorpresas. Nos damos cuenta de que no se puede prolongar lo que hemos aprendido en estado de equilibrio. Descubrimos nuevas situaciones, a veces más organizadas que cuando hay equilibrio: se trata de lo que yo llamo puntos de bifurcación (1), soluciones a ecuaciones no lineales. Una ecuación no lineal admite frecuentemente varias soluciones: el equilibrio o la proximidad al equilibrio constituye una solución de esa ecuación, pero no es la única solución.

Así, el no-equilibrio es creador de estructuras, llamadas dísipatívas porque sólo existen lejos del equilibrio y reclaman para sobrevivir una cierta disipación de energía y, por tanto, el mantenimiento de una interacción con el mundo exterior. Al igual que una ciudad que solamente existe en cuanto que funciona y mantiene intercambios con el exterior,la estructura disipativa desaparece cuando deja de ser "alimentada".

Ha sido muy sorprendente descubrir que, lejos del equilibrio, la materia tiene propiedades nuevas. También asombra la variedad de los comportamientos posibles. Las reacciones químicas oscilantes son una buena muestra de ello. Por ejemplo, el no-equilibrio conduce, entre otras cosas, a fenómenos ondulatorios, en los que lo maravilloso es que están gobernados por leyes extremadamente coherentes. Estas reacciones no son patrimonio exclusivo de la Química: la hidrodinámica o la óptica tienen sus propias particularidades.


En el equilibrio, la materia es ciega; lejos del equilibrio la materia ve
Finalmente, las situaciones cercanas al equilibrio están caracterizadas por un mínimo de alguna cosa (energía, entropía, etc.), al que una reacción de pequeña amplitud las hace retornar si se alejan un poco de él. Lejos del equilibrio, no hay valores extremos. Las fluctuaciones ya no son amortiguadas. En consecuencia, las reaccíones observadas lejos del equilibrio se distinguen con más nitidez, y por tanto, son mucho más interesantes. En el equilibrio, la materia es ciega, mientras que lejos del equilibrio la materia capta correlaciones: la materia ve. Todo esto conduce a la paradójica conclusión de que el no-equilibrio es fuente de estructura.

El no-equilibrio es un interface entre ciencia pura y ciencia aplicada, aunque las aplicaciones de estas observaciones a la tecnología estén solamente en sus inicios. Actualmente, empieza a comprenderse que la vida es, probablemente, el resultado de una evolución que se dirige hacia sistemas cada vez más complejos. Es cierto que no se conoce exactamente el mecanismo que ha producido la primeras moléculas capaces de reproducirse. La naturaleza utiliza el no-equilibrio para sus estructuras más complejas. La vida tiene una tecnología admirable, que muy frecuentemente no llegamos a comprender.


Pensar en términos de probabilidades, no de trayectorias

El no-equilibrio no puede ser formalizado a través de ecuaciones deterministas. En efecto, las bifurcaciones son numerosas y, cuando se repiten las experiencias, el camino seguido no es siempre el mismo. Por tanto, el fenómeno es determinista entre las bifurcaciones, pero es totalmente aleatorio en las bifurcaciones. Entra en directa contradicción con las leyes de Newton o de Einstein, que niegan el indeterminismo. Evidentemente, esta contradicción me ha preocupado mucho. ¿Cómo superarla? La actual teoría dinámica nos ofrece herramientas particularmente interesantes al respecto. Contrariamente a lo que pensaba Newton, ahora se sabe que los sistemas dinámicos no son todos idénticos. Se distinguen dos tipos de sistemas, los sistemas estables y los sistemas inestables. Entre los sistemas inestables, hay un tipo particularmente interesante, asociado con el caos determinista. En el caos determinista, las leyes microscópicas son deterministas pero las trayectorias toman un aspecto aleatorio, que procede de la "sensibilidad a las condiciones iniciales": la más pequeña variación de las condiciones iniciales implica divergencias exponenciales. En un segundo tipo de sistemas, la inestabilidad llega a destruir las trayectorias (sistemas no integrables de Poincaré). Una partícula ya no tiene una trayectoria única, sino que son posibles diferentes trayectorias, cada una de ellas sujeta a una probabilidad.

Agruparemos estos sistemas bajo el nombre de caos. ¿Cómo tratar este mundo inestable? En vez de pensar en términos de trayectorias, conviene pensar en términos de probabilidades. Entonces, se hace posible realizar predicciones para grupos de sistemas. La teoría de caos es algo semejante a la mecánica cuántica. Es necesario estudiar en el ámbito estadístico las funciones propias del operador de evolución (hacer su análisis espectral correspondiente). En otros términos, la teoría del caos debe formularse a nivel estadístico, pero esto significa que la ley de la naturaleza toma un nuevo significado. En lugar de hablar de certidumbre, nos habla de posibilidad, de probabilidad.

La flecha del tiempo es, simultáneamente, el elemento común del universo y el factor de distinción entre lo estable y lo inestable, entre lo organizado y el caos. Para ir más lejos en esta reflexión, es necesario extender los métodos de análisis de la física cuántica, especialmente saliendo del espacio euclediano (el espacio de Hilbert, en sentido funcional) en cuyo seno está definida. Afortunadamente, matemáticos franceses, ante todo Laurent Schwartz, han descrito una nueva matemática, que permite aprehender los fenómenos de caos y describirles en el ámbito estadístico.

Pero el caos no explica todo. La historia y la economía son inestables: presentan la apariencia del caos, pero no obedecen a leyes deterministas subyacentes. El simple proceso de la toma de decisión, esencial en la vida de una empresa, recurre a tantos factores desconocidos que sería ilusorio pensar que el curso de la historia puede modelizarse por medio de una teoría determinista.

El segundo tipo de sistemas inestables evocados más arriba es conocido bajo la denominación de sistemas de Poincaré. Los fenómenos de resonancia juegan en ellos un papel fundamental, pues el acoplamiento de dos fenómenos dinámicos da lugar a nuevos fenómenos dinámicos. Estos fenómenos pueden ser incorporados en la descripción estadística y pueden conducir a diferencias con las leyes de la mecánica clásica newtoniana o la mecánica cuántica. Estas diferencias se ponen de manifiesto en los sistemas en los que se producen colisiones persistentes, como los sistemas termodinámicos. La nueva teoría demuestra que se puede tender un puente entre dinámica y termodinámica, entre lo reversible y lo irreversible.


La inestabilidad no debe conducirnos al inmovilismo

Nos encontramos en un período "bisagra" de la ciencia. Hasta el presente, el pensamiento ponía el acento sobre la estabilidad y el equilibrio. Ya no es así. El propio Newton sospechó la inestabilidad del mundo, pero descartó la idea porque la encontró insoportable. Hoy, somos capaces de apartarnos de los prejuicios del pasado. Debemos integrar la idea de inestabilidad en nuestra representación del universo. La inestabilidad no debe conducir al inmovilismo. Al contrario, debemos estudiar las razones de esta inestabilidad, con el propósito de describir el mundo en su complejidad y comenzar a reflexionar sobre la manera de actuar en este mundo. Karl Popper decía que existe la física de los relojes y la física de las nubes. Después de haber estudiado la física de los relojes, ahora debemos estudiar la física de las nubes.

La física clásica estaba fundada sobre un dualismo: por un lado, el universo tratado como un autómata; por otro lado, el ser humano. Podemos reconciliar la descripción del universo con la creatividad humana. El tiempo ya no separa al ser humano del universo.


NOTAS
(1) Los puntos de bifurcación son puntos singulares que corresponden a cambios de fase en el no-equilibrio.


Fuente

domingo, 11 de noviembre de 2007

Gregorio Marañón: "Un año de República, España en franquía"

Goethe decía de las revoluciones dos cosas que se ajustan estrictamente a la realidad del mundo actual, y, desde luego, a la de España. Una, que cada revolución es siempre la consecuencia de los errores del régimen que la ha precedido. Y otra, que, mientras dura la etapa revolucionaria, es imposible juzgarla con acierto, porque sus inconvenientes se ven demasiado cerca y sus beneficios demasiado lejos. Ambas reflexiones merecen un comentario en este día en que la República española cumple el primer año de su edad.

En torno a la República se trata de perpetuar en España la lucha tradicional, no entre derechas e izquierdas, como ligeramente suele decirse, sino entre energúmenos y hombres sensatos, que son los que hoy se oponen entre sí, cualquiera que sea su filiación. Para el hombre sensato de la derecha o de la izquierda, el cambio de régimen no puede ser tema de bandería personal, sino una fase en el ritmo inexorable de la historia, que ocurrió por encima de la voluntad de nadie, por esas razones profundas que mueven la marcha de las sociedades humanas y que a nosotros sólo nos es dado, unas veces, acelerar o retrasar y en la mayoría de los casos tan sólo contemplar.

Es evidente que un régimen no cambia jamás en las épocas de su prosperidad. La revolución es un estado morboso, y los hombres normales la aceptan cuando es irremediable; pero no la desean nunca. Sólo individuos excepcionales y un tanto locos, como Trotski, pueden hablar de la revolución permanente.

Por eso supone mala fe o ignorancia supina el querer pedir cuentas a la República recién nacida de la situación actual del país, que, en lo que tiene de desorganizada, es herencia de lo antiguo. La República es la consecuencia inevitable de la descomposición y muerte de la Monarquía. Todo lo que hoy se pide aviesamente a la República -equilibro y paz- es lo que había perdido el régimen que la precedió. Cuando el pueblo perdió la esperanza de recobrarlo es cuando votó en las urnas a los candidatos republicanos.

Es necesario insistir mucho sobre esto, aun siendo historia tan elemental y cercana. Siempre que en nuestras investigaciones de Biología nos planteamos, mis amigos y yo, un problema, suelo recomendarles el volver a los textos más simples, a los de la escuela, porque con frecuencia se olvida, a fuerza de darse por sabida, la raíz elemental de lo que nos interesa saber. Y ahora conviene recordar, decimos, que la Monarquía hasta el año 1923 no tuvo apenas enemigos. Los partidos republicanos hacían una oposición amable, rugiendo de vez en cuando, sin asustar a nadie, como las fieras de los circos. El partido socialista avanzaba, seguro de sí mismo y de su porvenir, pero sin ser todavía un factor decisivo en la vida nacional. Los estudiantes apenas se ocupaban de política. Y estos intelectuales, objeto hoy de la iracundia de las derechas, prestaban la colaboración de su trabajo al régimen; tal vez, es cierto, por amor a España más que por sincera convicción, pero con absoluta lealtad. Era cuando los hombres más representativos de la izquierda -Azcárate- declaraban que no había obstáculos tradicionales para el progreso de España; cuando Unamuno entraba en Palacio en compañía de Romanones; cuando en el partido reformista se agrupaban, deseosos de gobernar, los hombres mejor preparados de nuestros medios universitarios, entre ellos el que hoy rige con dotes insuperables de estadista el Gobierno republicano. Entonces fue, bajo el signo de un liberalismo moderno, cuando la Monarquía de la Restauración tuvo (...) su máxima popularidad.

OBSTACULOS

Pero a poco la máquina gubernamental empezó a renquear gravemente. Y no por culpa de ninguna oposición, que no existía. Allá, entre los bastidores del tinglado oficial, estaban escondidos sus propios obstáculos: uno de ellos, tal vez el más grave, el que denunció el político de mayor temple revolucionario de entonces, el que por paradoja, netamente hispánica, ocupaba la jefatura del partido conservador, D. Antonio Maura, cuando, al irse un día, airado, a su casa, dijo señalando a una cortina tras la cual sonaban las espuelas y los sables: «Que gobiernen ésos, que no nos dejan gobernar». Pero acaso en éste como en otros juicios análogos se cometía ese error que tanto conocemos los médicos de confundir un síntoma con la causa de la enfermedad. Porque todo lo que ocurría entonces y lo que ocurrió después no eran más que manifestaciones de un largo proceso revolucionario cuya crisis final se inició en Barcelona el año 1917 y cuyas etapas terminales serían, seis años después, la Dictadura, y ocho más tarde, la República.

El Monarca, vivo de genio y con frecuencia de palabra, no disimulaba su impaciencia ante las dificultades de la política. Y no aludía, ciertamente, a ninguna oposición -porque no la había-, sino a la propia descomposición de sus organismos de gobierno. Lo cierto es que el país llegó a un estado peligroso. Recuerden bien los desmemoriados que el tema de las notas del dictador y el pretexto para el golpe de Estado fue que «España estaba en la ruina», «sin justicia ni seguridad personal» y «en manos de pandillas desaprensivas y a veces delincuentes». Esto último con injusticia notoria. No se olvide que durante seis años el panegírico de Primo de Rivera tenía como motivo central el haber salvado a España del caos y del abismo.

Pronto tendré ocasión de estudiar al pormenor la génesis y las responsabilidades del advenimiento de la Dictadura. Ahora quiero decir que aquel trance fue, como el de la República después, la desembocadura lógica de la muerte de los auténticos mecanismos de gobierno. Es posible que si, en lugar de fomentar y prolongar la Dictadura la Monarquía, hubiera proseguido firmemente por el camino que pareció iniciarse en aquellos años, antes recordados, del signo liberal, el himno de Riego seguiría siendo todavía una música subversiva.

(...) Entonces fue cuando el mismo don Antonio Maura, consultado por el Rey sobre su decisión dictatorial, le escribió la carta, tan exhumada ahora, que nos ha dado a conocer su hijo, el excelente historiador, hoy ausente de España, en la cual, con acento profético, aseguraba que la Dictadura equivaldría, irremisiblemente, al suicidio del régimen monárquico. Maura tenía fama de estar siempre en las nubes, pero, como para siempre a estos hombres idealistas, conocía la realidad española mucho mejor que los que se burlaban de él, al ras de las tertulias de los caciques y de las mesas de los cafés.

Es imposible decir si al general Primo de Rivera, empleando otra táctica que la que empleó, meramente destructiva de las únicas fuerzas del régimen monárquico, le hubiera sido posible anudar el cabo roto del pasado con la vida futura de una Monarquía constitucional. Pero este trance de suprema prestidigitación es lo único que no podía aprenderse en la escuela del señorío andaluz, donde, según propia confesión, había recibido sus lecciones de gobernante. El hecho es que destruyó las muletas monárquicas y no acertó a proporcionar al régimen otras nuevas en que apoyarse, y que consumó el proceso de enquistamiento (...) del régimen dinástico, frente al país. Y así, al terminar los seis años dictatoriales, aquella oposición casi fantástica se había convertido en una fuerza arrolladora, imposible de encarrilar.

Año y medio después la Corona acudía a buscar sus consejeros en la cárcel, entre los hombres mismos que preparaban los futuros decretos del Ministerio republicano. Sólo los ciegos no se dieron cuenta de que aquella tarde la Monarquía había llegado a su fin. Y no vale censurar este acto postrero del régimen, porque lo cierto es que en aquel trance la única opción que tuvo la Monarquía fue este desesperado intento o el reanudar el régimen dictatorial. El último Gobierno del Rey prefirió, noblemente, entregar su suerte a la decisión popular, y hoy hace un año se proclamaba la República por esa voluntad de los españoles, reconocida por el propio Rey al someterse sin resistencia a ella.

Es, pues, inútil discutir vanamente la responsabilidad, en bien o en mal, de los acontecimientos de hoy hace un año; porque los hombres, pigmeos ante el mecanismo gigante de la Historia, no podemos envanecernos de los sucesos felices ni achacarnos más que en mínima parte los que no lo son. Y es particularmente necio el que algunos españoles afectos de esa disposición del espíritu, tan frecuente en la mente humana -sobre todo en los menores de edad-, achaquen a fuerzas míticas -ahora los judíos, los masones, etc.- el origen de sucesos de profunda envergadura social y responsabilidades que son, si son de alguien, exclusivamente suyas.

Ha pasado un año. Como decía el gran poeta, estamos aún, para juzgarle, demasiado dentro de la polvareda, lejos todavía de la perfecta estabilidad. Pero quienes contemplen el panorama de estos doce meses y oteen el futuro de España, sin rencor y sin preocupaciones egoístas, tienen que sentirse transidos de este mismo optimista entusiasmo con que tantos españoles asistimos a la historia actual con los ojos clavados en el porvenir y los oídos cerrados a los augurios de las cornejas. Es cierto que no se han cumplido las promesas de felicidad paradisíaca que algunos insensatos suponían adherida al hecho escueto de sobrevenir la República. Pero era horóscopo de insensatos para otros insensatos. Nosotros, entonces y ahora, no hemos alzado la voz más que para decir que empezaba para los españoles la hora de los deberes más ásperos. Pero también más gratos. Porque ahora somos todos nosotros los que tenemos que hacer la España que antes hacían los gobiernos, mientras los demás ciudadanos sesteaban.

MEGALOMANOS

Los megalómanos se equivocaron. Pero convengamos en que se equivocaron también, con reiteración saludable, las voces siniestras que auguraban el fin de la nación, desde las dos primeras semanas de vida del nuevo régimen. Las elecciones no se celebrarían y se ahogarían en sangre, y se celebraron. Las Cortes no alcanzarían a votar una Constitución y a elegir un presidente. Y la Constitución está votada, y el presidente electo recorre el país español entre aclamaciones. Los Gobiernos serían devorados por el Parlamento y el ambiente popular. Y persiste el mismo que nos trajo el 14 de abril. Los militares se revolverían contra las necesarias reformas del Ejército. Y las han aceptado noblemente. España se desgarraría en regiones independientes. Y el problema del regionalismo está más cerca que nunca de su solución. Desde julio, (...) suspendería sus pagos el Estado. Y el presupuesto está en marcha y el empréstito cubierto. Y así cada día la realidad desmiente un nuevo rumor y una nueva patraña. Y hasta Dios, que ve los pecados de los hombres desde una altura muy superior a la del campanario de la aldea, ha derramado sobre los campos de España la bendición de una cosecha espléndida.

¡Cuánto, cuánto queda por hacer! Pero el trance duro ha pasado ya. Seguirá la inquietud fecunda -no la tristeza- que ha entonado y hecho revivir el pulso desmayado de los españoles. Pero España está ya en franquía, y el timón de su nave, en manos iluminadas y seguras.

La República no puede ser en adelante un tema de controversias pueblerinas. Es un hecho consumado, desagradable para unos, agradable para otros; pero engranado definitivamente en la estructura de la Historia universas.

El Sol - 14 de abril de 1932Gregorio Marañón

domingo, 28 de octubre de 2007

Salvador Pániker: "La era del hibridismo"

Se nos antojan cada vez más bizantinas las grandes disquisiciones sobre conceptos absolutos (nación, patria, religión, etcétera). Ello es que pertenecemos a la era de la fluidez y el hibridismo. Los valores son cada vez más relativos, móviles, provisionales. Los territorios científicos son interdisciplinarios. La misma ética es, ante todo, ética aplicada y casuística. Y hablar de hibridismo es hablar de identidades múltiples, pluralismo a la carta, mestizaje cultural.

Sucede que todo es hoy una mezcla felizmente poco consistente de actitudes y valores dispersos. De la gran matriz cultural, de los miles de matrices culturales, se pueden extraer combinaciones múltiples. Se puede ser a un tiempo anarquista, petimetre y budista. Homosexual y cristiano. Ateo y místico. Socialista y nacionalista. Caben todas las combinaciones imaginables. También las inimaginables. Y no hay que pensar que los distintos factores se relacionen causalmente: simplemente, conviven. Se interconectan. En algunos casos, claro, sí procede hablar de causalidad, pero ésta no es lineal sino cibernética, inscrita en redes complejas. Hay quien usa la palabra conectividad: interdependencia de ámbitos alejados entre sí, relaciones improbables. Fenómenos generalizados de ecología no lineal.

Sí, todo puede incidir sobre todo. O no incidir. Democracia y capitalismo, sin ir más lejos. En algunos países asiáticos existe hoy un pujante capitalismo, pero con poca libertad de expresión, poca independencia del poder judicial, poco espacio para los derechos humanos. Hablar de "confucianismo del desarrollo" resulta equívoco, pero no del todo desatinado. Ello es que los caminos que conducen a cualquier parte son múltiples. Así, los famosos análisis de Max Weber relacionando el nacimiento del capitalismo, no con el afán de enriquecimiento sino con la ética puritana del trabajo, también podrían trasladarse a las virtudes confucianas de justicia, honradez y respeto a los ancianos, las cuales tendrían como resultado una cierta austeridad que haría posible la acumulación capitalista. En rigor, cualquier teoría culturalista del crecimiento económico debe ser tomada con las mayores reservas. Las explicaciones -los "relatos"- son múltiples.

El caso es que la gente se siente hoy a la vez atraída y repelida por ese sincretismo escéptico que hace que todo se pueda cruzar, combinar, conectar. La nuestra, digo, es una época de hibridismo lúcido y fluido. Abundan, por ejemplo, los cristianos que sienten la necesidad de asomarse al exterior de su caverna, salir fuera de las cuatro paredes dogmáticas en que fueron educados; cristianos avisados de sus mil genealogías subterráneas, precisamente híbridas; cristianos que saben -o deberían saber- que el cristianismo tomó de Pitágoras la doctrina del cuerpo como prisión, que recogió de los egipcios el concepto de inmortalidad, que se inspiró en el budismo para el movimiento monástico; cristianos que conocen el legado judío, el helénico y, sobre todo, el romano: ya se sabe que la Iglesia quiso ser la continuación del Imperio Romano desde otras, no muy distantes, coordenadas (lo fundamentó San Agustín en La ciudad de Dios, y lo denunció el sagaz Hobbes a propósito del papado). Es frente a ese relativismo que se alzan las voces de la Iglesia oficial. Inútilmente. Porque los "grandes relatos" tradicionales se han disgregado. Porque el pluralismo es el trasfondo esencial de nuestro tiempo. Y pluralismo significa espacio laico.

Por otra parte, claro está, también presiona la otra cara de la moneda, la indigencia mental, el pluralismo degradado en dispersión perezosa, la tendencia a pensar a través de bloques erráticos y frases hechas, en el espacio yermo de las palabras demasiado usadas. A señalar que hubo un tiempo en que las palabras estaban vivas. Las palabras eran sacramento, energía sagrada. Jacob no vaciló en recurrir al engaño con tal de conseguir las palabras de Isaac. Su bendición. Las palabras, irreversibles, dejaban una huella imborrable. Isaac ya no pudo volverse atrás, Jacob huyó a esconderse. El verbo era carne. Las palabras, sí, eran sagradas, y quienes conocían el secreto de las mismas tenían el poder. Fue el caso de los brahmanes en la India, capaces de conjurar a los dioses y al destino. Los mismos himnos védicos, compuestos de palabras, se suponía que eran previos al universo, pues contenían las poderosas sílabas eternas de las que todo procede. Por ejemplo, OM.

Hoy todo es distinto. Hoy políticos y predicadores se desgañitan casi en vano. La otra faz del pluralismo híbrido, ya digo, es que las palabras no valen gran cosa (ocurría ya en tiempos de Shakespeare: words, words, words). La secularización tiene su coste. Se olvidaron los poemas primordiales. Publicamos miles de inútiles libros. Todo es inflación. Devaluación. Y, en consecuencia, nadie se fía de nadie. Es cierto, sí, que todavía la democracia, la empresa y el mercado necesitan la confianza de los ciudadanos para poder funcionar; pero se trata de una confianza devaluada y, ya digo, meramente funcional, y de ahí la exigencia de garantías, los contratos escritos, los registros de la propiedad, el aparato de justicia, la defensa del valor de la moneda, las instituciones, el Estado. Ello es que si nuestra época es esencialmente híbrida, también es escéptica, latentemente nihilista, vagamente incoherente, no lineal. Acontecimientos minúsculos provocan efectos impredecibles. Cuenta la trama biográfica de cada cual. Por ejemplo, el filósofo Zubiri, que jamás tuvo preocupaciones sociales, fue el maestro del teólogo de la liberación Ellacuría. Cualquier doctrina filosófica puede desembocar en cualquier práctica, o inhibición, política.

Conviene insistir, en todo caso, en que las redes no son lineales, la causalidad es cibernética y los acontecimientos se inscriben en una lógica da la complejidad. La gente ya no se sorprende, pongo por caso, de leer en la prensa que "las buenas noticias sobre el empleo hacen caer la Bolsa de Nueva York". Ya imaginan que alguna relación sistémica debe de haber entre subida del empleo (buena noticia), peligro de inflación (mala perspectiva) y subida de los tipos de interés (peor escenario para la Bolsa). Y así la Bolsa se apresura a "descontar" los posibles efectos sistémicos de un dato inicialmente bueno. Y la misma gente acaba comprendiendo que ya no hay buenas ni malas noticias absolutas. Lo que hay son diferentes articulaciones de los elementosque componen los sistemas finitos. Y precisamente un sistema es tanto más fértil y complejo cuantos más antagonismos albergue.

Finalmente, resulta obvio que todos los fundamentalismos que hoy emergen son intentos simplistas de atajar ese trasfondo de hibridismo fluido que genera inseguridad. Lo que ocurre es que para sobrevivir a la provisionalidad, a la complejidad y a la incertidumbre se requieren unas reservas de "libertad interior" que no todo el mundo posee. A menudo he señalado que conviene distinguir entre vida pública, vida privada y vida íntima. Algunos tienen vida pública, todo el mundo tiene vida privada, muy pocos tienen vida íntima. Si el movimiento hacia la secularización híbrida y global es imparable, la compensación sólo puede proceder de la "vida íntima". Entonces uno tiene "fe" -confianza en la realidad- sin necesidad de tener creencias dogmáticas. Uno configura su visión del mundo a la carta. Uno puede abandonarse al gozo de tomar de aquí y de allá, con cierta agilidad y despreocupación, a la medida de sí mismo. Que al fin y al cabo, ésta ha sido una de las conquistas fundamentales de la modernidad: el derecho de cada cual a ser cada cual. Un derecho que pocas veces ejercemos.

Salvador Pániker es filósofo, ingeniero y escritor, y presidente de la Asociación
para Morir Dignamente

Breve reseña sobre su vida y obra

Salvador Pániker nacido en Barcelona el 1 de marzo de 1927 de padre hindú y madre catalana. Es un ingeniero, filósofo y escritor español cursó el bachillerato en un colegio de jesuitas.

Es Doctor en ingeniería industrial y ha sido profesor ayudante de metafísica en la Universidad de Barcelona. Es hermano del también filósofo Raimundo Pániker. Es fundador y director de la editorial Kairós y presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente de España. Ha creado el concepto filosófico de "retroprogresión".

A Pániker se le considera un filósofo vitalista,aunque él comienza por asumir todo el nihilismo de la postmodernidad. Precisamente su filosofía es una respuesta a ese nihilismo, y apunta a lo que él llama “el arte de tenerse en pie en la era de la complejidad y la incertidumbre”.

Ha recibido el Premio Internacional de Prensa y el premio "Godó Lallana".

Algunos de sus libros más destacados son: Conversaciones en Cataluña, Conversaciones en Madrid, Aproximación al origen, Ensayos retroprogresivos, Filosofía y mística, así como la serie de 4 libros autobiográficos Primer testamento, Segunda memoria, Cuaderno amarillo y Variaciones 95.

Obtenido de Wikipedia

Entrevista en Fusión a Salvador Pániker



Publicado en El País (28/XII/05)

domingo, 21 de octubre de 2007

Michel Foucault (1976): "Las Redes del Poder"

Conferencia pronunciada en 1976 en Brasil. Publicada en la revista anarquista Barbarie, N°4 y 5, (1981-2), San Salvador de Bahía, Brasil.


Vamos a intentar hacer un análisis de la noción de poder. Yo no soy el primero, lejos de ello, que intenta desechar el esquema freudiano que opone instinto a represión -instinto y cultura. Toda una escuela de psicoanalistas intentó, desde hace decenas de años, modificar, elaborar este esquema freudiano de instinto vs cultura, e instinto vs represión-me refiero tanto a psicoanalistas de lengua inglesa comofrancesa. Como MelanieKlein, Winnicot y Lacan, que~intentaron demostrar que la represión, lejos de ser un mecanismo secundario, interior, tardío, que intentaría controlar un juego instintivo dado por la naturaleza, forma parte del mecanismo del instinto o, por lo menos, del proceso mediante el cual se desenvuelve el instinto sexual, se constituye como pulsión.

La noción freudiana de TRIEB1 no debe ser interpretada como un simple dato natural o un mecanismo biológico natural sobre el cual la represión vendría a depositar su ley de prohibición, sino, según esos psicoanalistas, como algo, que ya está profundamente penetrado por la represión. La carencia, la castración, la laguna, la prohibición, la ley, ya son elementos mediante los cuales se constituye el deseo como deseo sexual, lo cual implica, por lo tanto, una transformación de la noción primitiva de instinto sexual tal como Freud la había concebido al final del siglo XIX.

Es necesario, entonces, pensar el instinto no como un dato natural, sino como una elaboración; todo un juego complejo entre el cuerpo y la ley, entre el cuerpo y los mecanismos culturales que aseguran el control sobre el pueblo.

Por lo tanto, creo yo que los psicoanalistas desplazaron considerablemente el problema, haciendo surgir una nueva noción de instinto, una nueva concepción de instinto, de pulsióri, de deseo. Pero lo que me perturba o por lo menos, me parece insuficiente, es que en esta elaboración propuesta por los psicoanalistas, ellos cambian tal vez el concepto de deseo, pero no cambian en absoluto la concepción de poder.

Continúan considerando entre sí que el significado del poder, el punto central, aquello en que consiste el poder, es aún la prohibición, la ley, el hecho de decir no, una vez más la forma, la fórmula «tú no debes». El poder es esencialmente aquello que dice «tú no debes». Me parece que esta es una concepción -y de eso hablaré más adelante-totalmente insuficiente del poder, una concepción jurídica, una concepción formal del poder y que es necesario elaborar otra concepción del poder que permitirá sin duda comprender mejor las relaciones que se establecieron entre poder y sexualidad en las sociedades occidentales.

Voy a intentar o, mejor, mostrar en qué dirección se puede desarrollar un análisis del poder que no sea simplemente una concepción jurídica, negativa, del poder, sino una concepción positiva de la tecnología del poder.

Frecuentemente encontramos entre los psicoanalistas, los psicólogos y los sociólogos esta concepción según la cual el poder es esencialmente la regla, la ley, la prohibición, lo que marca un límite entre lo permitido y lo prohibido. Creo que esta concepción de poder fue, a fines del siglo XIX, formulada incisivamente y extensamente elaborada por la etnología. La etnología siempre intentó detectar sistemas de poder en sociedades diferentes de las nuestras en términos de sistemas de reglas. Y nosotros mismos, cuando intentamos reflexionar sobre nuestra sociedad, sobre la manera como el poder se ejerce en ella, lo hacemos fundamentalmente a partir de una concepción jurídica: dónde está el poder, quién posee el poder, cuáles son las reglas que rigen el poder, cuál es el sistema de leyes que el poder establece sobre el cuerpo social. Por lo tanto, para nuestras sociedades hacemos siempre una sociología jurídica del poder y cuando estudiamos sociedades diferentes de las nuestras hacemos una etnología que es esencialmente una etnología de la regla, una etnología de la prohibición. Vean, por ejemplo, en los estudios etnológicos de Durkheim a Levi-Strauss, cuál es el problema que siempre reaparece, perpetuamente reelaborado: el problema de la prohibición, especialmente la prohibición del incesto.

A partir de esa matriz; de ese núcleo que sería la prohibición del incesto, se intentó comprender el funcionamiento general del sistema. Yfue necesario esperar hasta años más recientes para°que aparecieran nuevos enfoques sobre el poder, ya sea desde el punto de vista marxista o desde perspectivas más alejadas del maxismo clásico. De cualquier modo, a partir de allí vemos aparecer, con los trabajos de Clastres, en Bélgica, por ejemplo, toda una nueva concepción del poder como tecnología que intenta emanciparse del primado, de ese privilegio de la regla y la prohibición que, en el fondo, había reinado sobre la etnología desde Durkheim hasta Levi-Strauss.

En todo caso, .la cuestión que yo quería plantear es la siguiente: ¿Cómo fue posible que nuestra sociedad, la sociedad occidental en general, haya concebido el poder de una manera tan restrictiva, tan pobre, tan negativa? ¿Por qué concebimos siempre el poder como regla y prohibición, por qué este privilegio? Evidentemente podemos decir que ello se debe a la influencia de Kant, idea según la cual, en última instancia, la ley moral, el « tú no debes», la oposición «debes/no debes» es, en el fondo, la matriz de la regulación de toda la conducta humana. Pero, en verdad, esta explicación por la influencia de Kant es evidentemente insuficiente. El problema consiste en saber si Kant tuvo tal influencia. ¿Por qué fue tan poderosa? ¿Por qué Durkheim, filósofo de vagas simpatías socialistas del inicio de la Tercera República francesa, se pudo apoyar de esa manera sobre Kant cuando se trataba de hacer el análisis del mecanismo del poder en una sociedad? Creo que podemos analizar la razón de ello en los siguientes términos: en el fondo, en Occidente, los grandes sistemas establecidos desde la Edad Media se desarrollaron por intermedio del crecimiento del poder monárquico, a costas del poder o mejor, de los poderes feudales. Ahora, en esta lucha entre los poderes feudales y el poder monárquico, el derecho fue siempre el instrumento del poder monárquico contra las instituciones, las costumbres, los reglamentos, las formas de ligazón y de pertenencia características de la sociedad feudal. Voy a dar dos ejemplos: por un lado el poder monárquico se desarrolla en Occidente en gran parte sobre las instituciones jurídicas y judiciales, y desarrollando tales instituciones logró sustituir la vieja solución de los litigios privados mediante la guerra civil por un sistema de tribunales con leyes, que proporcionaban de hecho al poder monárquico la posibilidad de resolver él mismo las disputas entre los individuos. De esa manera, el derecho romano, que reaparece en Occidente en los siglos XIII y XIV, fue' un instrumento formidable en las manos de la monarquía para lograr definir las formas y los mecanismos de su propio poder, a costa de los poderes feudales. En otras palabras, el crecimiento del Estado en Europa fue parcialmente garantizado, o, en todo caso, usó como instrumento el desarrollo de un pensamiento jurídico. El poder monárquico, el poder del Estado, está esencialmente representado en el derecho. Ahora bien, sucede que al mismo tiempo que la burguesía, que se aprovecha extensamente del desarrollo del poder real y de la disminución, del retroceso de los poderes feudales, tenía un interés en desarrollar ese sistema de derecho que le permitida, por otro lado, dar forma a los intercambios económicos; que garantizaban ,su propio desarrollo social. De modo que el vocabulario, la forma del derecho, fue un sistema de representación del poder común a la burguesía y a la monarquía. La burguesía y la monarquía lograron instalar, poco a poco, desde el fin de la Edad Media hasta el siglo XVIII, una forma de poder que se representaba, que se presentaba como discurso, como lenguaje, el vocabulario del derecho. Y cuando la burguesía se desembarazó finalmente del poder monárquico, lo hizo precisamente utilizando ese discurso jurídico que había sido hasta entonces el de la monarquía, el cual fue usado en contra de la propia monarquía.

Para proporcionar un ejemplo sencillo, Rousseau, cuando hizo su teoría del Estado, intentó mostrar cómo nace un soberano, pero un soberano colectivo, un soberano como cuerpo social o, mejor, un cuerpo social como soberano a partir de la cesión de los derechos individuales, de su alienación y de la formulación de leyes de prohibición que cada individuo está obligado a reconocer, pues fue él mismo quien se impuso la ley, en la medida en que él mismo es miembro del soberano, en la medida en que él es él mismo el soberano. Entonces, el instrumento teórico por medio del cual se realizó la crítica de la institución monárquica, ese instrumento teórico fue el instrumento del derecho, que había sido instituido por la propia monarquía. En otras palabras, Occidente nunca tuvo otro sistema de representación, de formulación y de análisis del poder que no fuera el sistema del derecho, el sistema de la ley. Y yo creo que esta es la razón por la cual, a fin de cuentas, no tuvimos hasta recientemente otras posibilidades de analizar el poder excepto esas nociones elementales, fundamentales que son las de ley, regla, soberano, delegación de poder, etc.. Y creo que es de esta concepción jurídica del poder, de esta concepción del poder mediante la ley y el soberano, a partir de la regla y la prohibición, de la que es necesario ahora liberarse si queremos proceder a un análisis del poder, no desde su representación sino desde su funcionamiento.

Ahora bien, ¿cómo podríamos intentar analizar el poder en sus mecanismos positivos? Me parece que en un cierto número de textos podemos encontrar los elementos fundamentales para un análisis de ese tipo. Podemos encontrarlos tal vez en Bentham, un filósofo inglés del fin del siglo XVIII y comienzos del XIX que, en el fondo, fue el más grande teórico del poder burgués, y podemos evidentemente encontrarlos en Marx también; esencialmente en el libro II de "El Capital" Es ahí que, pienso, podemos encontrar algunos elementos de los cuales me serviré para analizar el poder en sus mecanismos positivos.

En resumen, lo que podemos encontrar en el libro II deEl Capital, es, en primer lugar, que en el fondo no existe UN poder, sino varios poderes. Poderes quiere decir: formas de dominación, formas de sujeción que operan localmente, por ejemplo, en una oficina, en el ejército, en una propiedad de tipo esclavista o en una propiedad donde existen relaciones serviles. Se trata siempre de formas locales, regionales de poder, que poseen su propia modalidad de funcionamiento, procedimiento y técnica. Todas estas formas de poder son heterogéneas. No podemos entonces hablar de poder si queremos hacer un análisis del poder, sino que debemos hablar de los poderes o intentar localizarlos en sus especificidades históricas y geográficas.

Así, a partir de ese principio metodológico, ¿cómo podríamos hacer la historia de los mecanismos de poder a propósito de la sexualidad? Creo que, de modo muy esquemático, podríamos decir lo siguiente: el sistema de poder que la monarquía había logrado organizar a partir del fin de la Edad Media presentaba para el desarrollo del capitalismo dos inconvenientes mayores: 1) El poderpolítico, tal como se ejercía en el cuerpo social, era unpoder muy discontinuo. Las mallas de la red eran muy grandes, un número casi infinito de cosas, de elementos, de conductas, de procesos escapaban al control del poder. Si tomamos, por ejemplo, un punto preciso, la importancia del contrabando en toda Europa hasta fines del siglo XVIII, podemos percibir un flujo económico muy importante, casi tan importante como el otro, un flujo que escapaba enteramente al poder. Era además, una de las condiciones de existencia de las personas; de no haber existido piratería marítima, el comercio no habría podido funcionar y las personas no habrían podido vivir. Bien, en otras palabras, la ilegalidad era una de las condiciones de vida, pero al mismo tiempo significaba que había ciertas cosas que escapaban al poder y sobre las cuales no tenia control. Entonces, inconvenientes procesos económicos, diversos mecanismos, de algún modo quedaban fuera de control y exigían la instauración de un poder continuo, preciso, de algún modo atómico. Pasar así de un poder lagunar, global, a un poder atómico e individualizante, que cada uno, que cada individuo, en él mismo, en su cuerpo, en sus gestos, pudiese ser controlado en vez de esos controles globales y de masa.

El segundo gran inconveniente de los mecanismos de poder, tal como funcionaban en la monarquía, es que eran sistemas excesivamente onerosos. Y eran onerosos justamente porque la función del poder -aquello en que consistía el poder- era esencialmente el poder de recaudar, de tener el derecho a recaudar cualquier cosa -un impuesto, un décimo, cuando se trataba del clero-sobre las cosechas que se realizaban; la recaudación obligatoria de tal o cual porcentaje para el señor, pata el pod°y real, para el clero. El poder era entonces recaudador y predatorio. En esta medida operaba siempre una sustracción económica y, lejos, consecuentemente, de favorecer o estimular el flujo económico, era permanentemente su obstáculo y freno. Entonces aparece una segunda preocupación, una segunda necesidad: encontrar un mecanismo de poder tal que al mismo tiempo que controlase las cosas y las personas hasta en sus más mínimos detalles no fuese tan oneroso ni esencialmente predatario, que se ejerciera en el mismo sentido del proceso económico.

Bien, teniendo así esos dos objetivos creo que podemos comprender, groseramente, la gran mutación tecnológica del poder en Occidente. Tenemos el hábito -y una vez más según el espíritu de un marxismo un tanto primario- de decir que la gran invención, todo el mundo lo sabe, fue la máquina de vapor o invenciones de este tipo. Es verdad que eso fue muy importante, pero hubo toda una serie de otras invenciones tecnológicas tan importantes como ésas y que fueron, en última instancia, condiciones de funcionamiento de las otras. Así ocurrió con la tecnología política, hubo toda una invención al nivel de las formas de poder a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Por lo tanto, es necesario hacer no sólo la historia de las técnicas industriales, sino también de las técnicas políticas, y yo creo que podemos agrupar en dos grandes capítulos las invenciones de. tecnología política, las cuales debemos acreditar sobre todo a los siglos XVII y XVIII. Yolas agruparía en dos capítulos porque me parece que se desarrollaron en dos direcciones diferentes: de un lado existe esta tecnología que llamaría de disciplina. Disciplina es, en el fondo, el mecanismo del poder por el cual alcanzamos a controlar en el cuerpo social hasta los elementos más tenues por los cuales llegamos a tocar los propios átomos sociales; esto es, los individuos. Técnicas de individualización del poder. Cómo vigilar a alguien, cómo controlar su conducta, su compartimiento, sus aptitudes, cómo intensificar su rendimiento, cómo multiplicar sus capacidades, cómo colocarlo en el lugar donde será más útil; esto es lo que es, a mi modo de ver, la disciplina.

Y les cito en este instante el ejemplo de la disciplina en el ejército. Es un ejemplo importante porque es el punto donde fue descubierta la disciplina y dónde se la desarrolló en primer lugar. Ligada, entonces, a esa otra invención de orden técnico que fue la invención del fusil de tiro relativamente rápido. A partir de ese momento, podemos decir lo siguiente: que el soldado dejaba de ser intercambiable, dejaba de ser pura y simplemente carne de cañón y un simple individuo capaz de golpear. Para ser un buen soldado había que saber tirar, por lo tanto, era necesario pasar por un proceso de aprendizaje y era necesario que el soldado supiera desplazarse, que supiera coordinar sus gestos con los de los demás soldados; en suma, el soldado se volvía habilidoso. Por lo tanto, precioso. Y cuanto más precioso, más necesario era conservarlo y cuanta más necesidad de conservarlo, más necesidad había de enseñarle técnicas capaces de salvarle la vida en la batalla, y mientras más técnicas se le enseñaban más tiempo duraba el aprendizaje, más precioso era él, cte.. Y bruscamente se crea una especie de embalo, de esas técnicas militares de adiestramiento que culminarán en el famoso ejército prusiano de Federico II, que gastaba lo esencial de su tiempo haciendo ejercicios. El ejército prusiano, el modelo de disciplina prusiana, es precisamente la perfección, la intensidad máxima de esa disciplina corporal del soldado que fue hasta cierto punto el modelo de las otras disciplinas.

El otro lugar en donde vemos aparecer esta nueva tecnología disciplinaria es la educación. Fue primero en los colegios y después en las escuelas secundarias donde vemos aparecer esos métodos disciplinarios en que los individuos son individualizados dentro de la multiplicidad. El colegio reúne decenas, centenas y a veces millares de escolares, y se trata entonces de ejercer sobré ellos un poder que será justamente mucho menos oneroso que el poder del preceptor que no puede existir sino entre alumno y maestro. Allí tenemos un maestro para decenas de discípulos y es necesario, a pesar de esa multiplicidad de alumnos, que se logre una individualización del poder, un control permanente, una vigilancia en todos los instantes, así, la aparición de este personaje que todos aquellos que estudiaron en colegios conocen bien, que es el vigilante2 que en la pirámide corresponde al suboficial del ejército; aparición también de las notas cuantitativas, de los exámenes, de los concursos, cte., posibilidades, en consecuencia, de clasificar a los individuos de tal manera que cada uno esté exactamente en su lugar, bajo los ojos del maestro o en la clasificación-calificación o el juicio que hacemos sobre cada uno de ellos.

Vean, por ejemplo, cómo ustedes están sentados delante de `mí, en fila. Es una posición que tal vez les parezca natural; sin embargo es bueno recordar que ella es relativamente reciente en la historia de la civilización y que es posible encontrar todavía a comienzos del siglo XIX escuelas donde los alumnos se presentaban en grupos de pie alrededor de un profesor que les dicta cátedra. Eso implica que el profesor no puede vigilarlos realmente e individualmente: hay un grupo de alumnos por un lado y el profesor por otro. Actualmente ustedes son ubicados en fila, los ojos del profesor pueden individualizar a cada uno, puede nombrarlos para saber si están presentes, qué hacen, si divagan, si bostezan, cte. 'podo esto, todas estas futilidades, en realidad son futilidades, pero futilidades muy importantes, porque finalmente, fue en el nivel de toda una serie de ejercicios de poder, en esas pequeñas técnicas que estos nuevos mecanismos pudieron investir; pudieron operar. Lo que pasó en el ejército y en los colegios puede ser visto igualmente en las oficinas a lo largo del siglo XIX. Y es lo que llamaré tecnología individualizante de poder. Es una tecnología que enfoca a los individuos hasta- en sus cuerpos, en sus comportamientos; se trata, grosso modo, de una especie de anatomía política, una política que hace blanco en los individuos hasta anatomizarlos:

Bien, he ahí una familia de tecnologías de poder que aparece un poco más tarde, en la segunda mitad del siglo XVIII; y que fue desarrollada-es preciso decir que la primera, para vergüenza de Francia, fue sobretodo desarrollada en Francia y en Alemaniaprincipalmente en Inglaterra, tecnologías éstas que no enfocan a los individuos, sino que ponen blanco en lo contrario, en la población. En otras palabras, el siglo XVIII descubrió esa cosa capital: que el poder no se ejerce simplemente sobre los individuos entendidos como sujetos-súbditos -lo que era la tesis fundamental de la monarquía, según la cual por un lado está el soberano y por otro los súb dinabre que aquello sobre lo que se ejerce el poder es la población. ¿Qué quiere decir población? No quiere decir simplemente un grupo humano numeroso, quiere decir un grupo de seres vivos que son atravesados, comandados, regidos, por procesos de leyes biológicas. Una población tiene una curva etaria, una pirámide etaria, tiene una morbilidad, tiene un estado de salud; una poblaciónpuede perecer o, al contrario, puede desarrollarse.

Todo esto comienza a ser descubierto en el siglo XVIII. Se percibe que la relación de poder con el sujeto o, mejor, con el individuo no debe ser simplemente esa forma de sujeción que permite al poder recaudar bienes sobre el súbdito, riquezas y eventualmente su cuerpo y su sangre, sino que el poder se debe ejercer sobre los individuos en tanto constituyen una especie de entidad biológica que debe ser tomada en consideración si queremos precisamente utilizar esa población como máquina de producir todo, de producir riquezas, de producir bienes, de producir otros individuos, etc. El descubrimiento de la población es, al mismo tiempo que el descubrimiento del individuo y del cuerpo adiestrable, creo yo, otro gran núcleo tecnológico en torno del cual los procedimientos políticos de Occidente se transformaron. Se inventó en ese momento, en oposición a la anátomo-política que recién mencioné, lo que llamaré bio-política. Es en ese momento cuando vemos aparecer cosas, problemas como, el del hábitat, el de las condiciones de vida en una ciudad, el de la higiene pública o la modificación de las relaciones entre la natalidad y la mortalidad. Fue en ese momento cuando apareció el problema de cómo se puede hacer para que la gente tenga más hijos o, en todo caso, cómo podemos regular el flujo de la población, cómo podemos controlar igualmente la tasa de crecimiento de una población, de las migraciones, etc. Y a partir de allí toda una serie de técnicas de observación entre las cuales está la estadística, evidentemente, pero también todos los grandes organismos administrativos, económicos y políticos, todo eso encargado de la regulación de la población. Por lo tanto, creo yo, hay dos grandes revoluciones en la tecnología del poder: descubrimiento de la disciplina y descubrimiento de la regulación, perfeccionamiento de una anátomopolitica y perfeccionamiento de una bio-política.

A partir del siglo XVIII , l a vida se hace objeto de poder la vida y el cuerpo. Antes existían sujetos, sujetos jurídicos aquienes se les podía retirar los bienes, y la vida además. Ahora existen cuerpos y poblaciones. El poder se hace materialista. Deja de ser esencialmente jurídico. Ahora debe lidiar con esas cosas reales que son el cuerpo, la vida. La vida entra en el dominio del poder, mutación capital, una de las más importantes sin duda, en la historia de las sociedades humanas y es evidente que se puede percibir cómo el sexo se vuelve a partir de ese momento, el siglo XVIII, una pieza absolutamente capital, porque, en el fondo, el sexo está exactamente ubicado en el lugar de la articulación entre las disciplinas individuales del cuerpo y las regulaciones de la población. El sexo viene a ser aquello a partir de lo cual se puede garantizar la vigilancia sobre los individuo s y entonces se comprende por qué en el siglo XVIII, y justamente en los colegios, la sexualidad de los adolescentes se vuelve un problema médico, un problema moral, casi un problema político de primera importancia porque mediante y so pretexto de este control de la sexualidad se podía vigilar a los colegiales, a los adolescentes a lo largo de sus vidas, a cada instante, aun durante el sueño. Enttonces el sexo se tornará un instrumento de disciplinamiento, y va a ser uno de los elementos esenciales de esa anátomo-política de la que hablé, pero por otro lado es el sexo el que asegura la reproducción de las poblaciones. Y con el sexo, con una política del sexo podemos cambiar las relaciones entre natalidad y mortalidad; en todo caso la política del sexo se va a integrar al interior de toda esa política de la vida que va a ser tan importante en el siglo XIX. El sexo es el eje3 entre la anátomo-política y la bio-política, él está en la encrucijada de las disciplinas y de las regulaciones y es en esa función que él se transforma, al fin del siglo XIX, en una pieza política de primera importancia para hacer de la sociedad una máquina de producir.

Foucault: -¿Quieren ustedes hacer alguna pregunta?

Auditorio: -¿Qué tipo de productividad pretende lograr el poder en las prisiones?

Foucault: -Esa es una larga historia: el sistema de la prisión, quiero decir, de la prisión represiva, de la prisión como castigo, fue establecido tardíamente, prácticamente al fin del siglo XVIII. Antes de ésa fecha la prisión no era un castigo legal: se aprisionaba a las personas simplemente para retenerlas antes de procesarlas y no para castigarlas, salvo en casos excepcionales. Bien, se crean las prisiones como sistema de represión afirmándose lo siguiente: la prisión va a ser un sistema de reeducación de los criminales. Después de una estadía en la prisión, gracias a una domesticación de tipo militar y escolar, vamos a poder transformar a un delincuente en un individuo obediente a las leyes. Se buscaba la producción de individuos obedientes.

Ahora bien, inmediatamente, en los primeros tiempos de los sistemas de las prisiones quedó en claro que ellos no producían aquel resultado, sino, en verdad, su opuesto: mientras más tiempo se pasaba en prisión menos se era reeducado y más delincuente se era. No sólo productividad nula, sino productividad negativa. En consecuencia, el sistema de las prisiones debería haber desaparecido. Pero permaneció y continúa, y cuando preguntamos a las personas qué podríamos colocar en vez de las prisiones, nadie responde.

¿Por qué las prisiones permanecieron a pesar de esta contraproductividad? Yo diré que precisamente porque, de hecho producían delincuentes y la delincuencia tiene una cierta utilidad económico-política enlas sociedades que conocernos: La utilidad mencionada podemos revelarla fácilmente: 1) Cuanto más delincuentes existan, más crímenes existirán; cuanto más crímenes hayan, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo en la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial. La existencia de ese pequeño peligro interno permanente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica por qué en los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo sin ninguna excepción, se concede tanto espacio a la criminalidad como si se tratase de una novedad cada nuevo día. Desde 1830 en todos los países del mundo se desarrollaron campañas sobre el tema del crecimiento de la delincuencia, hecho que nunca ha sido probado, pero esta supuesta presencia, esta amenaza, ese crecimiento de la delincuencia es un factor de aceptación de los controles.

Pero eso no es todo, la delincuencia posee también una utilidad económica; vean la cantidad de tráficos perfectamente lucrativos e inscriptos en el lucro capitalista que pasan por la delincuencia: la prostitución; todos saben que el control de la prostitución en todos los países de Europa es realizado por personas que tienen el nombre profesional de proxenetas y que son todos ellos ex-delincuentes que tienen por función canalizar, para circuitos económicos tales como la hotelería de personas que tienen cuentas en bancos, los lucros recaudados sobre el placer sexual. La prostitución permitió volver oneroso el placer sexual de las poblaciones y su encuadramiento permitió derivar para determinados circuitos el lucro sobre el placer sexual. El tráfico de armas, el tráfico de drogas, en suma, toda una serie de tráficos que por una u otra razón no pueden ser legal y directamente realizados en la sociedad pueden serlo porla delincuencia, que los asegura.

Si agregamos a eso el hecho de que la delincuencia sirve masivamente en el siglo XIX y aún en el siglo XX a toda una serie de alteraciones políticas tales como romper huelgas, infiltrar sindicatos obreros, servir de mano de obra y guardaespaldas de los jefes de partidos políticos, aun de los más o menos dignos. Aquí estoy hablando precisamente de Francia, en donde todos los partidos políticos tienen una mano de obra que varia desde los colocadores de afiches hasta los aporreadores o matones, mano de obra que está constituida por delincuentes. Así tenernos toda una serie de instituciones económicas y políticas que opera sobre la base de la delincuencia y en esta medida la prisión que fabrica un delincuente profesional posee una utilidad y una productividad.

Auditorio: -Todas mis preguntas se fundamentan en la crítica que Dominique Lecourt le ha hecho: si usted da un paso más adelante dejará de ser un un arqueólogo, un arqueólogo del saber, si usted da ese paso, usted caería en el materialismo histórico. Ese es el fundamento de la pregunta. Quiero saber por qué usted afirma que aquellos que defienden el materialismo histórico y el psicoanálisis no están seguros de sí mismos, no están seguros de la cientificidad de sus posiciones. La primera cosa queme sorprende después de leer tanto la diferencia entre refoulement y represslon4, diferencia que no tenemos en portugués, es que usted empezó hablando de repression sin diferenciarla de refoulement5. Eso es una sorpresa para mí y la segunda sorpresa es que, en la tentativa de trazar una anatomía de lo social basándose en la disciplina del ejército, usted utiliza la misma terminología que usan los abogados actuales en el Brasil. En el Congreso de OAB (Orden de los Abogados del Brasil) realizado hace poco tiempo en Salvador, los abogados utilizaron abundantemente las palabras compensar y disciplinar al definir su función jurídica. Curiosamente usted utiliza los mismos términos para hablar del poder, es decir, usando el mismo lenguaje jurídico: lo que le pregunto es si usted no cae en el mismo discurso de la apariencia de la sociedad capitalista dentro de la ilusión del poder que comienzan a utilizar esos juristas. Así, la nueva ley de sociedades anónimas se presenta como un instrumento para disciplinar los monopolios, pero lo que ella realmente significa es ser un valioso instrumento tecnológico muy avanzado que obedece a determinaciones independientes de la voluntad de los juristas que son las necesidades de reproducción del capital. En este sentido me sorprende el uso de la misma terminología, continuando, en tanto usted establece una dialéctica entre tecnología y disciplina, y mi última sorpresa es que usted toma como elemento de análisis social a la población, volviendo así a un período anterior a aquel en que Marx criticó a Ricardo.

Foucault: -Voy a intentar responder brevemente a las dos preguntas. Veamos el tema general de la cuestión. Del problema Lecourt y del materialismo histórico hablaré mañana, pero sobre los otros dos puntos usted tiene razón, pues se refiere a lo que afirmé esta mañana. En primer lugar yo no hablé en efecto de refoulement, hablé siempre de represión, de interdicción y de ley.

Bien, ello se debe al carácter.necesariamente breve y alusivo de aquello que no puedo decir en tan poco tiempo. El pensamiento de Freud es en efecto mucho más sutil que la imagen que presenté aquí. En torno de esa noción de recalque se ubica el debate entre, digamos, grosso modo, Reich y los reichianos, Marcuse, etc., y por otro lado los psicoanalistas más propiamente psicoanalistas, como Melanie Klein y principalmente Lacan. Porque la noción de recalque puede ser utilizada para un análisis de los mecanismos sociales de represión afirmando que la instancia que determina el recalque es una cierta realidad social que se impone como principio de realidad e inmediatamente provoca el recalque. En términos generales éste es el análisis reichiano modificado por Marcuse con la noción de más represión y del otro lado usted tiene a los lacanianos, que retoman la noción de recalque y afirman: nada de eso, cuando Freud habla de recalque él no está pensando en represión, sino en un cierto mecanismo absolutamente constitutivo del deseo, porque para Freud, dice Lacan, no existe deseo no recalcado, el deseo no existe como deseo sino porque es recalcado y porque lo que constituye el deseo es la ley, y así él retira de la noción de ley el concepto de recalque.

Por lo tanto, dos interpretaciones: la interpretación por la represión y la interpretación por la ley, que describen de hecho dos fenómenos o dos procesos absolutamente diferentes. Es verdad que la noción de recalque en Freud conforme los textos puede ser utilizada en un sentido o en otro. Fue para evitar ese difícil problema de interpretación freudiana que yo hablé de represión, porque sucede que los historiadores de la sexualidad nunca utilizaron otra noción que no fuera la de represión y esto por una razón muy sencilla, y es que este concepto hace aparecer los contornos sociales que determinan el recalque. Podemos, por lo tanto, hacer la historia del recalque a partir de la noción de represión, en tanto que a partir de la noción de interdicción, que de algún modo es más o menos isomorfa en todas las sociedades, no podemos hacer la historia de la sexualidad. Es así como evité la noción de recalque y hablé solamente de represión.

En segundo lugar, me sorprende mucho que los abogados utilicen la palabra disciplina-en cuanto a la palabra compensar, no la usé ni una vez- y con respecto a esto quiero decir lo siguiente: creo que desde el nacimiento de aquello que yo llamo bio-poder o anátomo-política estamos viviendo en una sociedad que comienza a dejar de ser una sociedad jurídica. La sociedad jurídica fue la sociedad monárquica. Las sociedades europ1as de los siglos XII al XVIII eran esencialmente sociedades jurídicas, en las cuales el problema del derecho era un problema fundamental: se combatía por él, se hacían revoluciones por él, cte. A partir del siglo XIX, en las sociedades que se daban bajo la forma de sociedades de derecho, con Parlamentos, legislaciones, códigos, tribunales, existía de hecho todo un otro mecanismo de poder que se infiltraba, que no obedecía a las formas jurídicas y que no tenía por principio fundamental la ley, sino el principio de la norma, y que poseía instrumentos que no eran los tribunales, la ley y el aparato judiciario, sino la medicina, la psiquiatría, la psicología, cte. Por lo tanto, estamos en un mundo disciplinario, estamos en un mundo de la regulación. Creemos que estamos todavía en el mundo de la ley, pero de hecho es otro tipo de poder que está en vías de constitución por intermedio de conexiones que ya no son más conexiones jurídicas. Así, es perfectamente normal que usted encuentre la palabra disciplina eri la boca de los abogados. Llega a ser interesante verlo que concierne a un punto interesante: cómo la sociedad de la normatización al mismo tiempo puede habitar y hacer disfuncionar la sociedad del derecho.

Veamos lo que pasa en el sistema penal. En países de Europa como Alemania, Francia e Inglaterra, prácticamente no hay ningún criminal un poco importante y en breve no habrá ninguna' persona que pase por los tribunales penales que no pase también por las manos de un especialista en medicina, psiquiatría o psicología. Eso porque vivimos en una sociedad en la que el crimen ya no es más simplemente ni esencialmente la transgresión a la ley sino el desvío en relación con una norma. En lo que respecta a la penalidad sólo se habla ahora en términos de neurosis, desvío, agresividad, pulsión, etc. Ustedes lo saben muy bien. Por lo tanto, cuando hablo de disciplina, de normalización, yo no caigo en el plano jurídico; son, por el contrario, los hombres de derecho, los hombres de la ley, los juristas quienes están obligados a emplear ese vocabulario de la disciplina y la normatización. Que se hable de disciplina en el congreso de OAB no hace más que confirmar lo .que dije y no es que caiga en una concepción jurídica. Los que están fuera de lugar son ellos.

Auditorio: -¿Cómo ve la relación entre saber y poder? ¿Es la tecnología del poder la que provoca la perversión sexual o es la anarquía natural biológica que existe en el hombre la que lo provoca...

Foucault: -Sobre este último punto, es decir, sobre lo que motiva, ló que explica el desarrollo de esta tecnología,_no creo que podamos decir que sea el desarrollo biológico. Intenté demostrar lo contrario, es decir, ¿cómo forma parte del desarrollo del capitalismo esta mutación de la tecnología del poder? Forma parte de ese desarrollo en la medida en que, por un lado, fue el desarrollo del capitalismo lo~que hizo necesaria esta mutación tecnológica, pero, por otro, esa mutación hizo posible el desarrollo del capitalismo; una implicación perpetua de dos movimientos que están de algún modo engrampados el uno con el otro.

Bien, con respecto a la otra cuestión que concierne al hecho de las relaciones de poder... Cuando existe alianza del placer con el poder, ese es un problema importante. Lo que quiero decir brevemente es que es justamente eso que parece caracterizar los mecanismos de poder en función de nuestras sociedades, es lo que hace que no podamos decir simplemente que el poder tiene por función interdictar, prohibir. Si admitimos que el poder sólo tiene por función prohibir, estamos obligados a inventar mecanismos -como Lacan y otros están obligados a hacerlo- para poder decir: Vean, nos identificamos con el poder». O entonces decimos que hay una relación masoquista que se establece con el poder y que hace que gocemos de aquel que prohíbe; pero en compensación, si usted admite que la función del poder no es esencialmente prohibir, sino producir, producir placer, en ese momento se puede comprender, al mismo tiempo cómo se puede obedecer al poder y encontrar en el hecho de la obediencia placer, que no es masoquista necesariamente. Los niños nos pueden servir de ejemplo: creo que la manera como se hizo de la sexualidad de los los niños un problema fundamental para la familia burguesa del siglo XIX provocó y volvió posible un gran número de controles sobre la familia, sobre los padres, sobre los niños, etc., sobre los niños, etc., al mismo tiempo que produjo toda una serie de placeres nuevos: placer en los padres al vigilar a los hijos, placer de los niños enjugar con su propia sexualidad contra sus padres o con sus padres, etc., toda una nueva economía del placer alrededor del cuerpo del niño. No hace falta decir que los padres, por masoquismo, se identificaron con la ley...

Auditorio: -Usted no respondió a la pregunta que se le hizo sobre las relaciones entre el saber y el poder, y sobre el poder que usted, Michel, ejerce mediante su saber...

Foucault: -En efecto, la pregunta debe ser planteada. Bien, creo que -en todo caso en el sentido de los anllisis que hago, cuya fuente de inspiración usted puede ver- las relaciones de poder no deben ser consideradas de una manera un poco esquemática, como: de un lado están los que tienen el poder y del otro los que no lo tienen. Aquí un cierto marxismo académico utiliza frecuentemente la oposición clase dominant%:ase dominada, discurso dominante/ discurso dominado, cte. Ahora, en primer lugar, ese dualismo nunca será encontrado en Marx, en cambio sí puede ser encontrado en pensadores reaccionarios y racistas como Gobineau, que admiten que en una sociedadhay dos clases, una dominada y la otra que domina. Usted va a encontrar eso en muchos lugares pero nunca en Marx porque en efecto Marx es demasiado astuto como para podér admitir esto; él sabia perfectamente que lo que hace la solidez de las relaciones de poder es que ellas no terminan jamás, que no hay de un lado algunos y de otro lado muchos; ellas la atraviesan en todos lados; la clase obrera retransmite relaciones de poder, ejerce relaciones de poder. El hecho de que usted sea estudiante implca que ya está inserto, es una cierta situación de poder; yo, como profesor, estoy igualmente en una situación de poder, estoy en una situación de poder porque soy hombre y no una mujer, y el hecho de que usted sea una mujer implica que está igualmente en una situación de poder, pero no la misma, todos estamos en situación, etc. Bien, si de cualquierpersona que sabe algo podemos decir «usted ejerce el poder», me parece una crítica estúpida en la metida en que se limita a eso. Lo que es interesante es, en efecto, saber cómo en un grupo, en una clase, en una sociedad operan mallas de poder, es decir, cuál es la localización exacta de cada uno en la red del poder, cómo él lo ejerce de.nuevo, cómo lo conserva, cómo él hace impacto en los demás, etc..

Traducción: Heloísa Primavera




Extraído de Chistian Ferrer (compilador). El Lenguage Libertario.

1 En mayúscula en el original. Pulsión en vocabulario freudiano.

2 Surveillant, en el original francés.

3 Charniére (bisagra), en el original francés.

4 En francés en el original.

5 Refoulement: Recalcamento o recalque en la edición portuguesa del «Vocabulario de psicoanálisis», de Laplanche y Pontalis, Ed. Martins Fontes. Es el uso consagrado en diversas traducciones de textos psicoanalíticos. Se adoptó en este texto el término recalque.





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